¡Zombi Volumen Aurora llega en un mes!

Zombi Volumen Aurora

Incontables zombis han muerto para poder traeros esta obra, supervivientes. ¡Zombi Volumen Aurora está disponible por fin!

Podéis adquirir la copia física en soporte papel por 19,99€ vía Amazon: https://www.amazon.es/dp/1980707030

También puede leerse la copia digital y comprarse por 2,99€ en mi página web de autor: https://josecentenopoveda.es/libros

Los que decidáis apoyarme en Patreon, tenéis acceso a la descarga de la versión de alta calidad del PDF y las portadas a partir del "Tier Gritón" y al envío sin coste adicional de la obra en soporte papel los de "Tier Ácido" y superior.

jueves, 5 de octubre de 2017

Cuarentena

HISTORIA DE CRISTINA:
Episodio 1
Episodio 2
Episodio 4
-

EPISODIO 3 

Qué ocurriera el día siguiente... no lo recuerda.

La siguiente madrugada... la siguiente madrugada la despertaron gritos. Un niño de unos diez o doce que llevaba desde por la tarde febril e inconsciente había empezado a devorar a su madre. Los de arriba... Ella... hizo algo... sí... algo intentó. Cuando bajaron los de arriba, la mujer ya estaba muerta y el niño era irreducible.

Se lo llevaron a costa de recibir mordiscos y patadas varios de ellos. "Que le den al puto niño".

La siguiente mañana oyó a los militares que varios se habían puesto enfermos. Entre ellos también estaba ocurriendo. De los treintaidós que eran originalmente en el pasillo, ya solo quedaban doce junto a ella que no se encontraran mal... "Pues que se mueran todos".

Otro más se levantó abruptamente a la tarde e intentó comerse a los que le rodeaban. Más sangre... más heridas... más gritos... Este era un adulto, así que lo redujeron a tiros.

Para la noche, bajaron todos los uniformados en pelotón, sin dar explicaciones, sin pedir permiso, cogiendo por la fuerza a todos los enfermos, y los encerraron en uno de los cuartos de personal. "Que se jodan, apestaban".

Ella... ella también subió a donde los enfermos. "¿Por qué?".

¿Cuánto lleva allí?

Descubre el cadáver de Ainoa. Tiene una cuchillada profunda en la frente. Tosca, hecha con algo pesado y poco afilado. Hay más cadáveres.

Está sentada contra una pared y todo cuanto hay son cadáveres y trastos... sus manos pegajosas... de sangre. De mucha sangre. Igual que sus zapatos y los bajos de sus pantalones. Igual que el suelo y que el hedor en el aire. A su lado el arma del crimen... de los crímenes. Un enorme martillo dentado de trabajo...

Todavía hay alguien vivo...

Su cabeza está en sus piernas y ella le despeina la bonita cabellera. Está pálido, sudoroso y hace espasmos cada pocos segundos. Junto a él hay vómito seco de varias rondas, pero ella le mantiene limpia la boca y la barbilla.

Sus ojos escuecen de llorar. Sus manos le duelen de matar. Recuerda.
Recuerda la enorme discusión en que apuntó a uno de los del ejército con su propio arma exigiendo que la dejaran ir con Luis a donde llevaran los enfermos.

El ascenso a la "sala de cuarentena". Las personas allí tiradas e inconscientes en su mayoría, incapaces de moverse las restantes que aun sentían algo.

El primero que se levantó igual de enloquecido que todos los demás que había visto fuera, y al que mató con la herramienta que aun descansa en el suelo.

Ainoa fue la segunda... Vuelve a llorar muchísimo... Y luego hubo otros. Todos los que había allí acaban levantándose gimiendo e intentando ir a por ella, o a por quien tuvieran al lado.

Recuerda los militares que traían muy de vez en cuando a alguien nuevo durante esos dos días... nunca de los suyos... los suyos enfermos seguro que iban a otro sitio. Y cómo, quien viniera, practicaba el conveniente para él "ojos que no ven" ante todas las personas que ella había matado; prácticamente echándoselos a que los ejecutara.

Y la noche... ¿o el día?, sin reloj, sin nada, sin manera de medir el tiempo más allá del aliento agonizante de Luis. Acompañándolo, velándolo aún vivo... Solo había una certeza, el sueño que amenazaba con derrotarla en cualquier instante...

Y la decisión. La decisión... de que no podía dormir con ellos allí, listos para enloquecer... para comérsela. La decisión de matarlos a todos, indefensos como niños... no, indefensos como los enfermos que eran.

Y ahora, todos asesinados y Luis entre sus piernas... sin saber lo que ella había hecho, lo que su novia había hecho por pasar unos minutos más con él, con su calavera desagradecidamente sonriente o compungida de dolores a distintos tiempos. Respirando pesado, con arcadas ya vacías, con temblores y brotes de delirio incomprensible y sudor constante y pestilente. Irónicamente, se le ha pasado el sueño.

Tal vez un año después de aquello, él empieza a gruñir. Todavía con los ojos cerrados... todavía algo de Luis. Sus dedos y piernas se sacuden inconexos varias veces. No ya como un espasmo, sino como un preámbulo a despertar. Ya lo ha visto ocurrir varias veces antes.

Agarra su nuca con ambas manos. Levanta su frente hasta acercarla a sus labios y la besa. Después coloca su cráneo delicadamente en el suelo y se levanta a su lado.

Luis abre los ojos, que conectan con los suyos mirando a través de ella y le dedica una sonrisa de dientes hambrientos y bobos.

—"¡¿Boooh...?!".

Ella levanta el martillo en gran arco, y aplasta su cabeza con el lado dentado en dos brutales golpes. Luego desincrusta el martillo, y mira su inocente rostro muerto y herido. Vuelve a agarrar la herramienta y, gritando, llorando, suplicando "que pare", amenazando a "la nada", sigue golpeando.

Golpea y chilla hasta que no queda... nada.

Envuelta en una sábana de sangre, se gira a la puerta y suelta el martillo. Ya puede salir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario