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Zombi Volumen Aurora

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jueves, 22 de febrero de 2018

Volumen Aurora - Capítulo 5 - Libro de Esteban (Episodio 12)

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Volumen Aurora:
Prólogo
Episodio 1 - Capítulo 1, Libro de Danko
Episodio 2 - Capítulo 1, Libro de Álvaro
Episodio 3 - Capítulo 2, Libro de Andrea
Episodio 4 - Capítulo 2, Libro de Diana
Episodio 5 - Capítulo 3, Libro de Merlo
Episodio 6 - Capítulo 3, Libro de Carla
Episodio 7 - Capítulo 3, Libro de Hugo
Episodio 8 - Capítulo 3, Libro de Álvaro
Episodio 9 - Capítulo 4, Libro de Adán
Episodio 10 - Capítulo 4, Libro de Danko
Episodio 11 - Capítulo 4, Libro de Diana
Episodio 12 - Capítulo 5, Libro de Esteban  
Episodio 13 - Capítulo 5, Libro de Álvaro
Episodio 14 - Capítulo 5, Libro de Hugo 

       


Capítulo 5 – Huir hacia delante
"En una revolución se triunfa o se muere" – Ernesto Guevara.







Libro de Esteban
18/11/2012; 10:03 – Embalse Colleja                Población humana viva: 1.870.561.916



Decide levantarse. Apenas siente haber descansado algo, pero ni Carla está a su lado, ni los demás parecen estar durmiendo, a juzgar por las voces desde la sala de estar… Normal, duda que Hugo haya pegado el más mínimo ojo.
Bueno, la puerta de Merlo, Andrea y el chaval está cerrada. Entonces quedan despiertos su novia, Paco y la otra pareja… En la enfermería no hay nadie… Hugo no debería moverse… Visita la sala de estar. Carla está fumando con Paco, junto a sendos platos de desayuno ya vacíos.
¡Hola cielo!, perdona, no quise despertarte…
Hola…
¿Cómo está tu hombro?
Me duele un poco… No creo que empeore… ¿Dónde están estos?
Hola Esteban.
Hola… ¿Te duele mucho? Señala su pie descalzo y vendado.
Escuece más bien… a veces se me olvida si no ando…
Me alegro, hemos tenido suerte…
Sí…
¿Y estos?
En su habitación… Carla.
¿Hugo se ha levantado? ¿Para qué pregunta lo obvio?
Sí… ¿Estás bien?
Sí, sí, perdona, un poco aturdido. Voy a ver…
¡Dame un beso!
Sí, perdona.
Cruza toda la espaciosa habitación y le da un largo pico. El amigo… está queriendo aprovechar sus últimas horas de vida… A lo mejor puede ayudarlo… Abigaile desea intimidad con él, claro, pero lo que importa es lo que Hugo quiera…
¿Han dicho algo?, ¿cómo se ha levantado?
No lo sé… empieza ella, con la certeza pintada de que por ahora no va a besarla más. Llevaba unas muletas, con la herida muy vendada… De todos modos estaba en la cama contigo, cuando les oí levantarse. Él mira a Paco.
Yo estaba por aquí comienza el vagabundo, sintiéndose apremiado a hablar. Pasaron juntos y me saludaron. Les dije que si les preparaba algo de desayuno… dijo que tenía que trabajar. Al rato vino Abi e hizo comida para los dos… y se la llevó.
Asiente.
Ahora vengo, ¿vale? Carla sacude la cabeza. ¿Estás bien?
Sí… sí…
Yo también estoy preocupado…
No quiero que muera…
Ha sido un arañazo…
Ya…
Voy a ver cómo están.
Vale.
Recorre el breve pasillo y llama a la puerta interior, cerrada. “Pasa”, responde una voz femenina desde el otro lado.
Abre despacio. Hugo está sentado en su silla, con la pierna estirada sobre dos cajas de madera apiladas; vendada, aunque manchada de sangre el área del gemelo. Abigaile está junto a él, mirando hace unos segundos la misma pantalla en la que él trabajaba, ahora ambos observándolo.
¿Cómo estáis? Acorta la distancia que los separa con pasos despreocupados, hasta poder ponerle una mano en el hombro al compañero. Los arañazos contra su frente están brillantes y rojos, algo inflamados.
Hola Esteban Abi.
Aquí estamos… Hugo. Su voz suena… ¿como siempre? No, está…
¿Os apetece tomaros una shisha con nosotros?
Abigaile busca rápidamente a su novio de reojo, decidiendo obedecer lo que él diga.
No, gracias.
Por ahora no dice la chica con tono diplomático.
Vale. ¿Lleváis mucho rato?
Una hora o así ella.
“Hmm”. ¿Queréis ayuda?
Por ahora no Hugo.
Vale. Voy a ver cómo se encuentra Carla… en un rato me paso de todos modos. A ver si puedo hacer algo.
Vale.
Ánimo. Le da un puñetazo flojo en el hombro, imitando con detalle el gesto habitual de Adán, que al fin y al cabo ha sido su amigo de toda la vida.
Vuelve hacia el área común… Ahora más que nunca Hugo habría necesitado del compañero… ¿Regresará alguno?
Y las armas que se han llevado… y las armaduras… Los dos chicos más capaces fuera… ese Daniel, o Díaz, o lo que sea, que va a vender su refugio al tal ejército de liberación… No tardarán en venir, muchos y armados. Hugo a lo mejor muere… entonces Abigaile no tardará en marcharse. Paco desertará al mínimo peligro serio. Entre los cuatro que quedarían (el niño no cuenta) y él, encima, algo herido, no pueden repeler al bando rival, da igual cuánto de ineptos sean… Y si se marchan antes estarán dejando vendidos a Adán y Danko si regresan… Tiene trabajo por delante.
Se abraza a Carla unos segundos, arrastrando una silla a su lado. Ella le acaricia la melena, sin saber muy bien qué le pasa.
¿Cómo estás? vuelve a preguntarle, esperando que ahora sea más comunicativa.
Triste. Tuerce un labio.
Ya… Paco le ofrece la cachimba, que acepta. Yo también.
¿Crees que Hugo…?
No lo sé… parecía bien…
¿Qué están haciendo?
Están en el ordenador…
¿No debería descansar?
Sí… no lo sé…
¿Qué pasa?
No lo sé… supongo que tiene razón. Vuelve a abrazarse con más fuerza. Carla le aprieta algo confusa.
¿En qué?
En cómo morir…
Se hace un silencio muy tenso. Paco recoge los platos hacia la pila y se marcha, decidiendo dejarlos a solas para no sentirse incómodo.
La besa en los labios… más buscando consuelo que cariño.
¿Tú crees que volverán?
Eso espero… Medita por largos segundos. Eso espero…
Suponiendo que no tengan contratiempos, deberían de estar a punto de llegar a Madrid, si no lo han hecho ya. Pasarán por las casas de Danko y Adán. Después por las de Hugo y Merlo, aunque no dijeran nada. ¿A lo mejor se desvían a la de Jesús? Sí. Danko es demasiado amigo suyo como para no hacerlo… Entonces el orden seguramente sea Danko, Jesús y Adán. Luego Hugo, la casa de los padres de Adán y Merlo. ¿Finalmente la suya? No. No irán a la suya antes que a la de los padres de Adán, y si ya han ido hasta allí tendrían que volver demasiado sobre sus pasos para ir a la suya… ¿Tienen más amigos por la zona?
Intenta recordar los viernes en la tetería… hacía algún año que ya no iban tanto por allí, pero aun así… están tan lejos ya. Había más amigos… pero apenas los ha vuelto a ver… No cree que sean del barrio en cualquier caso. A lo mejor van a buscar a la familia de Lili, si es que ella está bien…
“Sin contratiempos”, ríe, regresando del nivel más bajo de meditación. Bueno, si todo va bien, para las dos o tres de la tarde deberían de haber terminado esa ruta y para la cena estarán todos juntos, celebrando el plan, con la familia de Danko, la de Adán, la de Merlo y la de Lili, Jesús y su madre; y por qué no, hasta sus propios hermanos y padres. Vuelve a reír. Carla lo observa de reojo mientras se sujetan de la mano y él finge sólo ver el reloj en la pared. Lleva mucho tiempo callado, pero no le puede explicar lo que le hace gracia y de qué modo se la hace…
Carla…
¿Sí?
…has dormido todavía menos que yo. Ya sé que no tienes sueño, yo tampoco… pero noto el cuerpo a la vez… como si me hubieran dado una paliza… y… no puedo pensar bien. Abre los ojos más de lo normal, alzando ambas cejas a la vez, cerrándolos luego con fuerza, en un gesto rápido de aturdimiento. Deberíamos tumbarnos un rato… Niega con la cabeza levemente para dotar de más rotundidad sus palabras.
Vale… sí. Supongo que sí…
Se levanta y, cogiéndola suave de los dedos, la invita a ir con él.
Desde la habitación de Andrea no llega ningún sonido… Debería comprobar cómo se encuentran de ánimo… Espera verlos a la hora de comer. No tienen que descuidarse de alimentarse por la situación… Ni de nada.
Cuando tumba el costado sobre el colchón nota un fugaz pinchazo de alerta en la espalda. Apenas se ha preocupado… pero lo han apuñalado al fin y al cabo. Esa tarde se cambiará el vendaje…
Enseguida Carla restriega su cuerpo contra el suyo, abrazándose frente a frente. No quiere sexo, sólo cobijo, más o menos como él. La aprieta buscando tener el máximo contacto entre sus cuerpos. Pronto llora silenciosa. Apoya su propia mejilla contra sus mofletes, para reconfortarle de las lágrimas con su piel.
Mis padres…
No dice nada más. Solo llora con más fuerza. Con una mano aprieta su hombro desde su espalda y mantiene la fuerza por un rato, con la otra le masajea la nuca un par de veces y la deja apoyada firme. Luego cierra los ojos y trata de relajarse para transmitirle algo de paz. Poco a poco, va meciéndose al intermitente olor sutil del aliento de su novia, que acaba desfalleciendo desolada.
Si la bomba va a caer en unas cuarentaisiete horas… entonces, como tarde deberían marcharse de la ciudad en unas cuarentaidós o cuarentaitrés… y llegarían para pasado mañana a las diez como tarde… porque si no… pero Cuarentaisiete… y entonces…



El sudor de sus cuerpos pegados, que no se han movido un ápice, lo agobia en su sueño intranquilo. Nada más abre un ojo recubierto de legañas, pierde entre los dedos el recuerdo de lo que quiera que estuviera viendo…
De pronto, le golpea el cansancio acumulado, sin sueño, solo su cuerpo que, separado de su mente, podría dormir todo un día entero ahora mismo. Las piernas y los brazos se le han llenado de abotargamiento y agujetas.
Y su mente… también sin regalarle espacio para despejarse, se llena de los gritones de ayer, y del ejército de liberación, y de los amigos desaparecidos, y el amigo condenado, y su familia que no sabe nada de una bomba atómica que los aguarda en Madrid, donde pueden estar, o no…
Se frota con los anulares el lagrimal de cada ojo, quitándose perezosamente lo más gordo de la costra y, por ahora, de los pensamientos que lo hostigan.
¿Cuánto tiempo ha pasado? Mira el rostro de Carla. Todavía enrojecido y con discretos surcos salados en la piel cara al techo. Ni siquiera se molestaron en apagar la luz para dormir. Respira profundamente, roncando muy bajito, con la boca abierta en un gesto inocentemente bobalicón. Qué guapa que es…
Se incorpora un poco, dudando de si quiere que sus movimientos la despierten o no.
Una muy leve tensión en su entrepierna no acompaña para nada su estado mental, por muy bien que le huela la melena rojiza… que ya empieza a clarear castaña en las raíces.
Sentándose por completo, le acaricia despacio la silueta, desde el hombro a la cadera, y se pone de pie; sonriendo (con el labio semiconscientemente torcido), disfrutando unos segundos, simplemente, de mirarla.
Va hacia la puerta y, con mucho cuidado de no hacer ruido, abre y cierra al salir. En el pasillo oye los ecos de una conversación casi susurrada. Al llegar al umbral del cuarto de estar comprueba que, en efecto, ha pasado poco tiempo. Son las doce y veinte de la mañana. Cuando se tumbó imaginaba haber ido a estar mucho más tiempo dormido. Andrea, Merlo y Abigaile lo saludan con la cabeza, después de un breve silencio expectante ante sus pasos para llegar allí.
¿Cómo estáis? inicia, yendo a colocar una silla junto a ellos.
Bien… Pensaba en mi hermano… Andrea. Merlo se encoge de hombros, dedicándole una sonrisa rápida pero sin contacto visual directo.
Estamos Abigaile.
¿El mayor?
Sí…
Puede que haya vuelto al pueblo.
Puede…
Ya… Arrastra las patas por el suelo con cierto cuidado, poniendo voz de circunstancias, y se sienta a la mesa. ¿Hugo…?
Ahí sigue… Espera. No sé. Estaba un poco enfadadizo, ahora mismo volveré.
¿Ves mala idea que vaya por allí?
Ahora mismo… sí.
Vale. En un rato me paso.
Merlo niega con la cabeza desde algún lugar profundo dentro de él. Andrea, sin ninguna discreción, arrastra su mano por encima del aluminio hasta agarrar la del amigo.
¿Paco no ha vuelto a bajar?
No… Abigaile.
Merlo se sacude un segundo para sus adentros y alza la vista, mirándole a los ojos por fin.
¿Cómo está tu hombro?
Bien, bien, gracias por preguntar. No ha sido gran cosa al final.
¿Te escuece?
“Nah”. Un poco.
Fue la chica, ¿no?
Sí…
Pero… es que ni lo vimos…
No te preocupes, nadie se lo esperaba…
¿Qué pasó?
Yo tampoco lo vi… ríe. Creo que me apuñaló por la espalda…
Joder… es que… ¡joder! Se indigna. ¿Y no te duele?
No, no mucho, sólo a veces cuando lo muevo… Empieza a articular el brazo izquierdo, buscando precisamente el punto que más le molesta, como intentando demostrárselo, y nada más lo encuentra, no esconde apretar cara y ojos por el pinchazo. Ahí…
Pero… ¿no te ha hecho nada, no? le insiste, acompañando una mueca empática.
No, no; por lo visto era una navaja pequeña. Según ella se detuvo contra el hueso. Mira a la compañera interpelada.
Sí, no debería de ser grave. Si puedes aguantar el dolor incluso puedes mover el brazo sin miedo.
¿No es peligroso que haya tocado el hueso? Merlo.
Bueno… se lo desinfecté con cuidado. ¿Esta tarde cambiamos las vendas a ver qué tal va?
Vale. Gracias Abi.
Nada… Debí haber estado mucho más atenta a esos. Se lleva las manos a la frente. Fuck.
Abi él, no te martirices. No lo hagamos ninguno. La pobre está pensando que por su culpa han arañado a Hugo…. Escucha. Nos salvaste la vida a todos. ¿Vale?
Ella, sin dejar de mirar a la mesa, ni quitarse los dedos del pelo, asiente pausadamente. Siente la tentación de decirle que Hugo se pondrá bien. De inventarse algún dato o alguna observación que apoyen que no está infectado, pero… es demasiado poco tiempo el que tienen como para que merezca la pena el precio que acarrean las falsas esperanzas después…
Voy a ver cómo está salta de repente enérgica, como si le contestara a su soliloquio.
“Hmm” apoya fáticamente.
Cuando la chica pasa por su lado la detiene sujetándole un brazo sin aspavientos, le acaricia la piel con el pulgar tratando de ser reconfortante y la mira a los ojos.
Abi. Sacude la cabeza. Gracias, en serio. Has hecho todo lo humano y más. Hugo lo sabe.
Ella le devuelve media sonrisa y sigue su camino. Si su novia hubiera estado allí no podría haber hecho aquello… Pero ahora más que nunca tiene que establecer lazos con la chica…
Mira a los que quedan. En breve se levantará a intentar juntarse con Hugo. Si pudieran de algún modo echar unas risas juntos una vez más…
Tu hermanito…
¿Eh? Está… lo hemos dejado castigado en la habitación… ha cogido una rabieta.
¿Y eso?
Quería salir fuera… Decía que se iba a ir a casa. Y quería sus juguetes…
Esto tiene que ser muy aburrido para un niño de su edad…
Sí…
…además, si sólo se ha enterado de la misa la mitad, de lo que ha pasado. Seguramente nuestro humor lo haya puesto nervioso sin saber por qué.
Ya… puede ser…
Calla pensando medio minuto.
Si quieres, luego, más tarde, cuando no se lo pueda tomar como un premio que refuerce su rabieta, podemos intentar jugar con él a algo… Se ha ido Danko, que era quien más caso le hacía…
Se lleva muy bien con tu novia también…
Sí, seguro que se apunta.
Pero, ¿a qué?
No lo sé… espero que, al menos, tener imaginación para poder jugar a algo no sea un problema nuestro. Recalca el “nuestro”.
¿Apuntarme a qué?
Carla, con la ropa de cama como él, aparece preciosamente somnolienta por la puerta.
Hola preciosa.
Ella le sonríe orgullosa y contenta de verlo saludarla con buen humor y se acerca a sentarse sobre sus piernas. Le agobia unos segundos, pero la abraza igualmente, dándole un beso en la mejilla y susurrándole “¿qué tal?” a modo de segundo saludo, mientras mira a Andrea que parece ir a responder.
A jugar con mi hermano un rato… Está muy aburrido. “Bien”, le responde en susurro, desviando la cara un momento de la compañera que les está hablando.
Ah… Bosteza. Vale… quería ducharme…
No, no decimos ahora apresura, está castigado por haber tenido una pataleta… luego, a la tarde.
¿Qué hora es? ¿Llevo mucho rato…?
No, no…
¿…dormida?
…diez minutos más que yo, como mucho. Señala el reloj. Las doce y media.
Ah… No sabe muy bien a qué hora se fue a dormir.
Hemos dormido una horita y pico, dos como mucho.
¿Tan poco?
Sí…
Ninguno hemos dormido bien hoy, creo… Mi hermano el que más.
¿Qué ha hecho?
Nada… que se aburre. Quería salir afuera.
Ahora mismo no es buena idea… él.
Ya…
Por eso, decíamos de que cuando haya estado castigado un rato en la habitación, intentásemos hacerle caso.
Sí, vale.
Carla se recoloca sobre él y, al cambiar el lado del peso, la herida lo araña fugazmente tan aguda que le provoca dar un respingo.
¡Ay! ¿Estás bien? Lo siento…
Sí, sí… contesta, cerrando los ojos humedecidos. No pasa nada.
Perdona…
Tranquila responde dándole unas palmaditas calmas en el muslo para que se baje.
Ella obedece y se pone de pie. Él también.
Voy a ver cómo le va… Hace el juego completo de movimientos del hombro, comprobando que todo sigue en su sitio.
Te acompaño Merlo.
Vale. Le sonríe. A ver si conseguimos animarle… pero va a querer estar con el ordenador.  Yo me iba a poner a intentar ayudarle.
Lo vemos…
Sí.
Las dos chicas los miran, sólo un poco indignadas de que no las hayan incluido y, primero Carla y luego Andrea, se suman con ellos, dejando vacía la sala de estar.
Llaman a la puerta de la pareja. Cuando les permiten entrar, Merlo se acerca al compañero, le saluda como si no lo hubiera hecho antes y charla un poco con él; sobre cómo se encuentra, si quiere hacer algo… Las chicas también se suman, pero Hugo solo responde con corteses frases parcas. Cuanto quiere es seguir trabajando. Él, sin decir mucho, en cuanto todos se han puesto a hablar un poco entre sí, acerca una silla y se sienta junto a la pantalla intentando entender, sin preguntar nada, las líneas de instrucciones y código que van entremezclándose. Pronto se quedan charlando, Abigaile desde un lateral de Hugo con los otros tres; y tanto él como el amigo, sin intercambiar palabras, operando el ordenador. Contra lo que desearía, él totalmente pasivo. No es un mal desenlace que los otros intimen con Abigaile un poco más. Cada gota cuenta.



Sentado a la mesa espera la cena que están preparando entre Paco y Abigaile; al lado de Andrea, Carla y Merlo que se ven tanto o más agotados que el niño de jugar a Marco-Polo por las cuevas con él; y aparece igual de pálido que siempre, Hugo. Con media sonrisa en la cara.
Su herida sigue tan roja y tan hinchada como a la tarde… Cree que ha empezado a entender lo que el compañero está intentando con la máquina. El código con ella… es como algo más… es como un diálogo… en el que las instrucciones tuviesen un sentido menor por sí mismas, y mayor como parte de algo orgánico… Pero está claro que no es algo que vaya a poder imitar de la noche a la mañana. El otro tampoco lo tiene nada claro.
Todos ponen gesto de cierta sorpresa, erróneamente. Hay que transmitirle normalidad. Alegría, pero sin exageraciones…
“¡Ey!” deja caer, calculando el punto de desinterés exacto, ¿qué tal?
¡Hola! ¿Puedo… cenar con vosotros?
No suelta riendo planificadamente con media boca, mientras apoya la mano en el respaldo de la silla a su lado.
Abigaile lo mira, con cierta preocupación, pero no reproche; él evita por todos los medios cruzar la vista con ella.
Hugo repta enérgico hacia la silla a la que lo ha invitado y, nada más se sienta a su lado, le pone una mano en el hombro.
Se te ve muy bien la herida lanza sin anestesia.
Sí…
¿Te encuentras bien?
Sí…
Apenas ha pasado medio día… no hay motivo alguno para la esperanza todavía. Pero para sugerirla…
Me alegro. Oye Abi; tu pelo es rojo natural, ¿no? continúa con el tema que acababa de abrir Carla, quejándose de no saber qué hacer con sus raíces.
Sí… si esto lo llamas rojo… responde algo confundida, agarrándose un mechón de pelo ondulado y poniéndolo frente a sus ojos, como una exhibición.
Hugo está desconcertado por el cambio de tema.
Entonces Carla te tiene que tener una envidia ahora mismo… Mira socarronamente a su pareja. En otra situación seguramente se habría indignado un poco, pero ahora solo está sorprendida.
¡Pues sí! Tarda en exclamar. ¡Eso es competencia desleal!
Abigaile estalla con una carcajada, tan exagerada que no puede ser sino sincera, mientras su novia frunce hombros y entrecejo, satíricamente enfurruñada.
Pero qué cute eres…
El niño también se ríe, imitando más que entendiendo.
Bueno… empieza, fingiendo una larga transición de la risa a hablar como si nada, mirando por fin a Hugo de nuevo. ¿Qué tal?, ¿has descubierto algo?
¡Sí!
El compañero asiente y se le ilumina el rostro ilusionado de contar lo que había venido a decir desde el principio.
¡Oh! ¡Cuenta, cuenta!
Desliza su silla ruidosamente, dejándole espacio para, esta vez sí, otorgarle notoriedad.
Pues…
Cuando lo dejó, estaban intentando hacer funcionar las supuestas cámaras del perímetro. Por lo visto, a raíz de aquello empezó a intentar dar instrucciones sobre ver el terreno… descartando los procesos directos de encenderlas, reproducirlas y similares. Y sin proponérselo demasiado, consiguió acceder, a cambio de fracasar en su empeño inicial, a unos mapas… Saca su teléfono móvil encendido. Temiendo no ir a volver a llegar a ellos, los ha fotografiado, y promete pasarlos a papel en algún momento… Sería conveniente pedirle la contraseña de su móvil… ya verá cómo se lo plantea si llega el caso. Son mapas de regiones; uno del Mediterráneo, otro de Europa, de Asia en dos mitades, de África… Con bastante resolución, claramente tomados como fotografías por satélite… y las áreas están en su mayoría pintadas con diversos colores, delimitando espacios bastante regulares. Son un total de cinco colores, que vuelven a aparecer aquí y allá, aunque el más limitado de ellos, un amarillo claro, solo está presente estrictamente en Corea del Norte. Por desgracia no hay leyenda que aclare lo más mínimo en ninguna de las imágenes. Mucho más informativos, aunque poco, son los puntos. Poco abundantes, aunque en casi todos los países hay alguno… no obstante es difícil delimitar las fronteras claras de los países sin tenerlas dibujadas… Los puntos son rojos, verdes y rosas. Alrededor de los rosas siempre hay algún área pintada de azul oscuro, que no aparece, por lo demás, en otros lugares… Los puntos rojos, sin embargo… Todos están de acuerdo, especialmente Abigaile. Ellos se encuentran ahora mismo en uno de ellos… En España hay dos puntos rojos. Uno allí y el otro en la isla de Mallorca. A parte hay dos puntos rosas, cuyas áreas deben de cubrir parte de Andalucía, Extremadura, y/o Murcia… Puede que incluso toquen Portugal. Toda la línea pirenaica está pintada por una ancha franja roja… Por lo demás, el resto de marcas cercanas están en Marruecos o Francia… Allí, en algún lugar del sur francés hay un punto verde. Y en lo que debe de ser el desierto, otro rojo…
Coinciden en que los puntos rojos significan instalaciones similares a la suya. A lo mejor no búnkeres… en eso no hay acuerdo… pero entonces… simplemente contando puntos rojos… son ciento veintiséis… y casi igual de abundantes los rosas, la mayoría por África y América del Sur… Los verdes sólo son catorce… “¡Qué coño está pasando!”. Nota una punzada de entusiasmo. La gente está bastante preocupada pero, al menos, Hugo en el fondo está también satisfecho consigo mismo…



Se despierta sabiendo instantáneamente haber dormido muchísimo. Como un regusto en el fondo de su cabeza, que además promete no volver a tener sueño pronto. Por lo demás, las ganas de orinar y el escozor en su espalda con vendas nuevas se hacen patentes temprano. Las agujetas siguen igual, pero la sensación de torpeza ha desaparecido.
Mira el cuerpo largo y fino a su lado. Sonríe y, con un beso cariñoso ante el que ella se revuelve melosa, todavía soñando, lo abandona.
Antes de poder ponerse a lidiar con nada, hace una visita larga al cuarto de baño, poniendo sus órganos e higiene a punto.
Jugar con él de vez en cuando no va a ser una solución para el problema del niño… ¿Qué querría él si hubiera estado en esa situación con su edad? A él le gustaban los videojuegos… Alguna actividad de interiores y en la que tirar horas… pero ese chaval parece más de los que jugaban en su pueblo con amigos… bueno, los hijos de los vecinos… Cómo mantenerlo ocupado por su propia cuenta… Hasta a él se le acabará haciendo aburrido si no reclaman el patio… Paco parece estar bien durmiendo allí. Cuando termine lo de Hugo, termine como termine, debería no postergar volver a salir. Volver a hacer ejercicio… Salidas del recinto no. No con ese Ejército de Liberación rondando… pero si están armados, simplemente estar fuera es demasiado riesgo… Pero necesitan luz del sol en sus vidas. O videojuegos. No hay videojuegos. En ese caso hay que solucionar lo del Ejército de Liberación.
Si Abigaile se queda, al margen de lo que haya pasado, tendrá que convencerla de que tomen ellos la iniciativa… Tiene que convencerla de que se quede en cualquier caso… Si Hugo muere… no va a tener el tiempo de llorarle manteniendo al grupo lo más unido que se pueda.
Los puntos rojos… Al menos hay otro cerca. Aún hay información que extraer de éste… pero cuando la hayan sacado, o si les echan… tienen que ir al siguiente.
Pueden ser la diferencia. Tienen un deber. Si vuelve Danko costará convencerlo… Bueno. Si vuelven él y Adán serán más para defender el Búnker. Ellos dos pesan mucho a la hora de plantearse repeler a quienes vayan a venir. Porque vendrán. Puto Daniel… aun temiéndoselo, consiguió jugársela… Qué habrían hecho si hubieran llegado a confiar en ellos…
Tiene que averiguar de una vez qué es Cuarentaisiete… Tiene que estar en el ordenador… Y para qué sirven todas las cosas extrañas que tienen. Mientras le cambiaba las vendas Abigaile, ayer, no pudo dejar de mirar la máquina en la enfermería. Y los circuitos abandonados. Y en su habitación ella sigue teniendo esa extraña cápsula para operar líquidos… y las probetas… No saben nada. Pero cada vez saben más… Tiene que ponerse con Hugo, aprender de él, por si… ¿pero y si llegan en ese lapso de tiempo? No pueden saber que sus compañeros se han marchado, al menos. ¿Cuánto vio Daniel?
Solo la puerta de acceso. No sabe que no la pueden cerrar. Eso significa que cuando vengan, si vienen… No, cuando vengan. Lo harán preparados. Pero a lo mejor les da un poco más de tiempo…
¿No sabe que no la pueden cerrar? No… cuando estuvieron dentro… había compañeros de ellos fuera… la idea más lógica que se le ocurriría al cabrón es que no se encerraron ellos y ya está por no dejar tirados a los aliados en los barracones.
Entonces los enemigos saben que tienen armas, un búnker, granadas, una red de minas a su favor, torre de vigilancia y que son al menos tres chicas y seis hombres… Y justo les viene bien que desconozcan en concreto las capacidades de Abigaile… Sus números no intimidarían a casi nadie… pero sus recursos y emplazamiento sí…
No… no es probable que los ataquen rápido. Lo harán. De noche y con una fuerza desmesurada… Si él tuviera que plantearlo, pondría francotiradores, que acribillaran a todos los que estuvieran fuera en el peor momento… Y aunque no hagan vida en el patio… o consiguen encender las cámaras o los que quiera que estén en la atalaya cuando decidan atacar, en la cual además últimamente no hay nadie…, serán un sacrificio únicamente útil para alertar al resto… si eso… Podrían buscar taponar la entrada y hacer guardia en las primeras cámaras de las cuevas… Pero sería una declaración de su debilidad…
No. Sigue siendo el mejor plan. No puede sacrificar amigos. No más… Tienen que enclaustrarse hasta encontrar una forma de eliminar a los otros… O un elemento tan disuasorio de que les ataquen que les permita ganar tiempo hasta poder exterminarlos… pero mientras existan… estarán en peligro.
¿Pueden ser disuasorias simplemente sus vallas y cuevas? Uf… a lo mejor los otros son cuatro gatos con una radio funcional… que están utilizando justo para aparentar ser más de lo que son… y poder obtener información y robar a la gente… Puede… debería seguirles sintonizando… Pero… Los otros eran buenos actores… Y pidió que le fueran a recoger muy impersonalmente… muy marcialmente… cuando se comunicaron… había información subtextual suficiente en aquella conversación como para que se preocupe… Un engaño digno de él sería que apenas fueran unos pocos caraduras…
¿Y quiénes han construido esto? Se lo esperaba grande pero… ¿mundial? Son los que están detrás de lo que está pasando… Ya sin duda… bueno… o quienes… ¿se preparaban para ello? Las bombas atómicas no son cosa del Ejército de Liberación… demasiado profesionales para ser mentira, demasiado cutres para tener cabezas nucleares… ¿Los “nazis” estos?
¿Puede?
O algún gobierno al que le estaban cogiendo polvo. ¿Todas, absolutamente todas partes estarán igual?
Bueno… eso es importante, pero no ahora, ni en los próximos meses. ¿Si vuelven los dueños de esto? Les adjudicarán las muertes de los anteriores ocupantes… ¿Se creerán su historia? ¿Les importará siquiera?
Es que esos mapas pueden ser de una estrategia de reconquista mundial, o de ataque… No. Todo aquello de las fases. De los DNIs… Si todos los puntos rojos son estructuras como esta, pueden estar detrás de lo que ha pasado o no… pero no están aquí para reconquistar el mundo… ¿Puede asumir ya que son los malos?
¡¿Qué coño era Cuarentaisiete?!
“Hoenhaim…”, tienen un nombre y todo… alguien que lo trajo… Arquea las cejas. ¿Espíritus? ¿Dioses? ¿Infierno?
Si vuelven los constructores de aquello tienen que huir. Sus medios… sean muchos o pocos… no son… humanos.
Hacia el siguiente punto. A seguirles robando información, medios… y hacerse con más gente… Pueden lograrlo. Solucionar esta crisis es el primer paso de un largo camino… A ellos les ha tocado llegar aquí por azar… Pero lo que decidan hacer con esto es su responsabilidad.
Seco y oliendo bien, se encamina al salón. No hay nadie allí… Preguntará a Hugo si quiere desayunar, seguro que está despierto.
Espera junto a la puerta a confirmar oír ruido de tecleo. Después llama.
¿Qué? La voz suena rayana en lo borde…
Abre.
El compañero está sobre su silla, girado ahora hacia él. Sus ojos están hinchados y enrojecidos… concluye rápido que tras demasiadas horas frente a la pantalla. Pero las ojeras negras que lo rodean… La herida está algo menos inflamada… de un tono totalmente blanco y con una línea oscura siguiendo cada surco; contrastando con una piel que ha palidecido hasta volverse azulada por las venas. Su pelo está pegado y pringoso, y su cuello brilla reflejando restregones medio secos de sudor. Abigaile está tumbada en la cama. Tiene los ojos abiertos mirando al techo, y le hace caso omiso.
Se acerca rápido a poner el dorso de su mano contra la frente de su amigo.
Déjame Esteban… Se revuelve prácticamente nada más lo toca.
Tienes fiebre…
Ya, ya lo sé. ¿Qué querías?
Silencio.
Quieres… ¿quieres desayunar?
No. Déjame.
Vuelve a mirar a la chica que, zarandeando como un metrónomo muy lento un pie descalzo apoyado sobre su propia rodilla, sigue con la vista fija en el cemento, ignorándolo totalmente.
Se queda a medio camino de intentar agarrar con una mano el hombro del otro como despedida y, sobrecogido, se da la vuelta y cierra.
Dentro apestaba a… humanidad enferma. ¿Ha empeorado tan deprisa en la noche…? Está con Abigaile, si hay algo que pueda tomar, ya lo habrá tomado.
Se mete en el almacén y, al cobijo de la soledad escondida entre estanterías, a salvo del siguiente más madrugador, se abre una botella de ron, y empieza a beber y llorar sentado sobre una caja de metal.



Hace un buen rato que debe de ser la hora de comer. Merlo y Andrea acabaron levantándose; lo suficientemente ruidosos como para darle tiempo a esconder la botella, enderezarse del mareo que lo recorría, y fingir estar comprobando sus recursos, antes de que vinieran a coger nada.
Carla, sin embargo, sigue con él. Callada, con una mano sobre su pierna. Mirándolo con abrasadora compasión y acongojadora tristeza… o miedo… o ambas. Y él todo cuanto quiere es seguir bebiendo y llorando…
Seguir así lo seguirá arrinconando en un callejón sin salida. Podría ser cruel. Con dos frases se la quitaría de encima… La abraza, y las manos de ella contra su espalda queman tan profundo que las lágrimas brotan desde su estómago hasta sus ojos.
No hace ningún ruido. Ni siquiera se mueve delatándose en intentar recogerlas. Deja que caigan dos pequeñas gotitas y encierra al resto bajo sus párpados.
Su aliento a alcohol… con eso no puede hacer nada. Sin besarla, hace un ademán de levantarse y aprovecha que ella lo imite para parpadear rápido, toser y usar el puño con que se tapa la boca para secarse cualquier pequeño rastro salado.
Sin mirarla aun así muy de frente, confiado en la penumbra del cuarto, le susurra que tiene que contárselo a los otros y, sin soltarle un dedo de la mano derecha, va saliendo, llevándola consigo evitando que tengan contacto visual.
Cuando van a pasar frente a la puerta de la sala común, menciona que va al baño rápido, que los vaya juntando.
Y por fin, se refresca la cara y hace unas cuantas gárgaras.
Chicos… empieza a la vuelta, ante la mirada todavía compasiva, todavía abrumada, y todavía dolorosa, de Carla. Merlo, Andrea y… el niño están sentados, esperándolo. Reestructura rápido sus palabras. Hugo…
El ruido de la puerta del cuarto lo interrumpe. El mentado aparece como un cuadro autoexplicativo. Sin decir nada a nadie; prácticamente como una aparición febril. Recorre el espacio hasta la mesa, donde deja un folio de papel escrito por las dos caras, y se larga.
Hugo… susurra cuando pasa por su lado.
Hugo, rabioso con el mundo, lo ignora y se encierra de un portazo, a seguir con su trabajo…
Tal y como están las cosas… ni va a poder intentar relacionarse más con Abigaile… ni ponerse a aprender de Hugo… Ni tiene derecho a intentar forzarlo.
Se acerca hacia el papel, que destaca sobre el silencio de la mesa, alrededor de la cual todos intercambian miradas sin saber qué decir. Menos Yoni, que parece enfadado por sus propios e inocentes motivos… y viendo el percal, nadie jugará con él esa tarde.
Al menos le ha ahorrado tener que pensar cómo explicar… de su sentencia, apareciendo ante todos.
Toma la hoja con tres dedos y empieza a leerla, pronto con los ojos de todos, menos el niño, en su nuca imitándolo.
El pobre está intentando sacar la máxima información útil, de un tipo u otro…
El contenido es un resumen taquigráfico de los tipos de zombi que habrá conseguido leer por pantalla…
Menciona los “comunes”, con una tasa de infección inicial del diez por ciento… Luego los “gritones”, con un índice de ocurrencia esperado del diez por ciento… “¿diez por ciento también…? ¡Ah!, ya…”. Según lee, conservan capacidades motoras semejantes a las humanas. Su fuerza y consistencia parece superar las del cuerpo ¿“original”? Demuestran potencial de aprendizaje por imitación y por observación… Solamente confirma lo que sabían. Los “fantasmas”, con lo mismo que ya les leyó de su incidencia esperada entre el uno y el cero coma cinco por ciento, y sus capacidades de aturdir, destrozar y ser invisibles, y su consistencia drásticamente aumentada… ¿“Ácidos”? Según indica su índice de ocurrencia esperado es del cero coma uno por ciento… su característica más identificativa es la arreactividad ante estímulos normalmente prioritarios para el resto de los zombis. “¿Usarán en el documento original la palabra ‘zombi’?”. A parte, suelen distinguirse por quemaduras tanto amplias como pequeñas y en gotas por la ropa que porten… Su agilidad es engañosa y comparable a la de los “gritones”, solo que con un comportamiento errático, que los mueve a impulsos de actividad frenética y periodos como de letargo. Por lo visto, imprevisiblemente, pueden expulsar torrentes de líquido por sus bocas que funde cualquier material conocido con el que entra en contacto, instantáneamente. Su cuerpo deja de ser inmune a su propio fluido tras la muerte y estalla esparciéndolo en un amplio radio… la cadencia y alcance máximos de sus disparos está por determinar, pero las pruebas señalan que son contagiosos… Ok… ¿“Pesadillas”? Índice de ocurrencia, estimado alrededor del cero coma cero uno por ciento. Negros y con estructura física similar a los “fantasmas”, pero su fuerza y consistencia es muy superior a la de aquellos. Son visibles pero… “permanecen en el mundo por intervalos exactos de tres segundos, estando ausentes por otro periodo de la misma duración y, al reaparecer, lo hacen en una posición diferente, situada en un radio, observado, de más de treinta metros. Sus garras muestran las mismas características que las de los ‘fantasmas’, aunque no hay evidencia de que las heridas producidas sean infecciosas; los cuerpos parcialmente enteros que quedan tras un asalto por su parte no se transforman. Las personas expuestas a ellos pueden escuchar en ocasiones sonidos ‘extraños’ y desde entonces el ser parece poder localizarlos geoespacialmente mientras duermen”. “Eh…”. “Colosos”. Empieza a parecerle un chiste. Índice de ocurrencia estimado alrededor del cero coma cero cero uno por ciento. De más de diez metros de altura, con un cuerpo dorado envuelto en músculo y una agresividad semejante a la de los “gritones”. Su fuerza es catastrófica y aunque su consistencia es formidable, no iguala a la de las “pesadillas”, pero lo compensa con la capacidad de regenerar su cuerpo, hasta las mutilaciones, en pocos segundos. Se desconoce si son contagiosos o no… “¿Pondrá ‘catastrófica’ y ‘lo compensa’ en el texto original alemán?”. Si no… es un indicio de algo de talante sobreviviendo en el compañero… Hay una última mención a una esfera de carne, llamada “sin nombrar”, de dos metros de diámetro, encontrada sin precedentes y compuesta únicamente por piel, hueso, y un sistema cerebral en el interior, con características por lo demás desconocidas y total incapacidad aparente de interacción con el mundo que la rodea.
Bueno… no es la mejor idea que su novia o Andrea lo hayan leído así… pero… es… información… Siente perplejidad…
Deja el papel en la mesa. Archivado. Utilísimo en el largo recorrido… ahora… por desgracia insignificante. Y Hugo lo sabe. “Ánimo tío…”.
Extrañamente… el malestar emocional que lo desbordaba… ha menguado muchísimo. Debe comer.
Prepara él mismo platos para todos, incluidos Abigaile y Hugo y… ¿Adán? ¿Trasteando con las cosas no ha oído la puerta?
Sudorosísimo, con la armadura llena de diversos niveles de mugre de diferentes orígenes, muescas y abollones; la ametralladora y… su katana a la espalda. El recién llegado los observa desde el umbral, con media sonrisa agridulce en la cara, abrazando del hombro a un Hugo cabizbajo a su lado; y un poco detrás de la escena, Abigaile.
La mitad de la sonrisa que le falta es por haber visto el estado de su viejo amigo. El agridulce por haber llegado solo, no habiendo encontrado a Liliana…
¡ADÁN! exclama mientras acepta que se le caiga peliculeramente el plato que tenía entre manos. Los demás se convierten en resortes que se disparan de sus asientos.
Hola… Levanta una mano con timidez.
Lo abraza, evitando lo mejor que puede tocar las partes más “carnosas” de su roña. Él le da un par de palmadas en el omóplato malo, sin soltar a Hugo. No le tiene en cuenta que no recuerde su herida.
¡Pasa! Ahora mismo te pongo algo, tienes que estar hambriento…
Quiero… ir al baño… rechaza con un hilito de voz.
Ah. ¡Sí, sí! ¡Ve! Tranquilo, ahora nos cuentas.
El otro asiente y desaparece, liberando al compañero. Todos miran ahora a Hugo, salvo el niño que pregunta algo en bajo a la hermana. Éste pone los ojos en blanco primero, para luego cerrarlos con larga fuerza, pasando de la indignación a la consternación; pero también… con una casi imperceptible sonrisa de ver que podrá despedirse de la otra persona viva que más le importa. Después, pasa buscando una silla que Merlo le cede rápidamente, convirtiéndose ahora en quien tiene que buscar silla.
Abigaile va y vuelve con una de las de su habitación, sentándose al lado de su novio.
Por su lado, se asegura de que nadie ocupe la posición vacía junto a Hugo, que reserva para Adán. Deja más verdura haciéndose en la sartén, ignorando los trozos de porcelana en el suelo, y sale para coger carne seca y ron del almacén.
¿Y Paco?
¡Merlo! empieza con un susurro instintivo, ya con ellos. Anda, ve a buscar a Paco. Y ya de paso hazte una shisha ordena, pero con talante totalmente amistoso.
El otro asiente cómplice y parte. Shisha, alcohol, comida mejor de lo habitual, Adán de vuelta… vale… Hugo tiene que seguir trabajando en el ordenador, pero que disfrute un poco… ¿Realmente va a ver cómo se le escapa de las manos alguien…?
Reparte por la mesa las verduras a la plancha con guarnición de carne, meditando si tardará mucho el recién llegado, hasta que lo interrumpe Merlo regresando.
¿Y Paco?
Se ha ido…
¿Qué?
Que se ha largado…
Joder…
Hugo hasta levanta la cabeza del punto fijo en la mesa que conectaba con la tormenta calma de su interior.
¿Cómo lo sabes? Abigaile.
No están sus cosas…
Puede haberle pasado algo… habrá salido a… Andrea.
Tampoco está la shisha… esboza un tono de rabia, claramente contenida para no alterar a Hugo.
No le sorprende mucho lo de Paco, la verdad… el día anterior se notaba mucho que estaba muy en medio… y las cosas están próximas a ponerse feas… Pero con el pie mal… bueno, en verdad su herida, más que un balazo parecía una perforación leve en el empeine… Si está acostumbrado al dolor en los pies debería de poder andar sin problemas…
Que le den por culo Hugo.
Todos lo miran. Todos callan. “Adán, ven rápido, por favor…”.
Pasa cinco minutos tan tensos que llega a creer que le tiemblan las piernas bajo la mesa. Hay tantas ollas a presión… Andrea, que aún no ha terminado de encajar, es la más entera, pese a su hermano desaparecido en Madrid… Merlo sí tenía a Paco por un amigo, aparte de todo lo demás. Carla entre la depresión y el miedo. Y a saber qué ha vivido Adán… y bueno, los otros dos… No se atreve a moverse para aprovechar y recoger los añicos todavía en el hormigón, como si pudiera ser la mecha de una bomba atómica… “Vaya una puta mierda de selección de palabras”.
Cuando por fin llega, aseado de lo más gordo y cambiado de ropa, como si ellos hubieran estado igual que él, lo apremian a sentarse con superficialmente tranquilas y profundamente nerviosas invitaciones.
¿Danko no ha aparecido, no? empieza Adán por fin, devorando de dos mordiscos la primera tira de cecina, pero con voz disonantemente preocupada.
No… esperaba que volvierais juntos… él.
Lo siento…
Oye Adán lo interrumpe Abigaile. Siento que no pudieras traer a Lili… No era el momento todavía… había que ver cómo se encontraba respecto del tema primero…
No… si… sí… está arriba… con la moto…
¿Qué?
¿Qué? él.
“¡Oh mierda!”. Mierda…
Andrea arquea una ceja, confundida pero sospechando… Merlo y Carla parecen perdidos, a punto de pedirle que venga… Ellos tres sin embargo intercambian cruces de miradas entre sí y el repentinamente interrogado.
Lleva el casco puesto… y está con la chaqueta sujetándola, y vueltas de precinto, atada con la cadena a la verja… Buscaré donde pueda estar cómoda y no moleste, lo prometo. Casi está suplicando… pero está claro que no aceptará ninguna negativa.
Los cerebros de los dos más despistados comprenden al ritmo que se van abriendo sus bocas.
Hugo agarra la mano del amigo y la aprieta con una ternura casi de pareja y le habla con una suavidad sorprendente.
¿Qué ha pasado, tío? Adán empieza a enrojecer un poquito, desbordado de los recuerdos que tiene que contar.



Entonces, de sus hermanos Jaime está muerto… Dani al menos no estaba en casa cuando pasó. Bueno… y sus padres, a lo mejor…, no, por lo que cuenta Adán, no… Merlo se siente algo mejor sabiendo que los suyos tampoco estaban allí… Y Danko… está muerto. Ojalá y no… Hugo cada vez está comiendo más compulsivo…
¡Carla! Sale tras ella en cuanto la ve irse llorando.



¡Esteban!
Acaba de salir de cepillarse los dientes. Listo para acostarse junto a Carla. Lleva toda la tarde sin decir palabra. Abigaile le hace gestos desde su puerta y susurra. Va hacia ella.
Mira… Tiene un semblante… ¿tierno?
Se asoma obedeciendo las señas que la otra hace con la cabeza. Hugo está reclinado; inconsciente con la cabeza sobre la mesa del teclado.
¡¿Qué ha pasado?! Se pone muy nervioso.
Mira bien…
Aprieta la vista para que se acostumbre al claro oscuro del cuarto apagado, iluminado por la pantalla gigantesca.
Hugo tiene la boca abierta y respira pesadamente. La herida… sigue algo pálida, pero el negro ha cedido hacia un rojo mucho más mundano… Abre la boca casi sin control de la mueca alegre.
Le ha bajado la fiebre… llevo toda la tarde viendo como se le iban desinflamando los cortes y sudaba menos cada vez…
Joder…
Nota las piernas fallándole y a Abigaile sosteniendo su cuerpo.
No le he dicho nada… quiero ver cómo sigue mañana… te lo digo a ti porque sé que lo estabas pasando muy mal.
Gracias…
Recupera las fuerzas.
Ánimo le dice ella a él.
Asiente, dándole un golpecito, y sale, como si anduviera sobre una nube.
No te crees esperanzas todavía…
Coge la botella a medias del almacén y se la lleva a la habitación, contándoselo todo en el acto a Carla.
Su novia, algo mejor de humor, convencida de que no saber de sus padres no es malo… el amigo que puede sobrevivir… Adán de regreso… Esa noche… Esa noche follan como si fuera el fin del mundo.



El día siguiente todos madrugan. Hugo tiene muchísima mejor cara. La novia lo ha obligado a ducharse. Adán ha metido a Lili a una de las primeras salas de la mina y la ha atado de un grillete en la pared…
Reunidos, arriesgándose a estar en el patio, contemplan la deflagración nuclear y sienten la leve brisa que les llega despeinándolos. Nueve y cinco de la mañana… Danko…
Reservará un atisbo de esperanza por unas horas más…
Aprovechando haber salido, juegan un poco fuera con Yoni, al que le han dicho que el humo era para matar a los zombis. Se ha puesto contento. Pero no deberían estar por allí mucho rato.
Empieza a planificar con Abi sellar la entrada a los túneles, que le comenta parecerle muy buena idea, y acuerdan dividirse en grupos para que siempre haya alguien de guardia en la primera cámara.
También le menciona querer repartir once de las veintitrés granadas que les quedan por distintos lugares, fuera de la vista y el alcance del chaval. Defiende que le parecen de lo más contundente que pueden tener para enfrentar a los que van a venir… que si pueden irse replegando a lugares donde tengan alguna a mano, pueden hacerles frente.
Al principio no parece muy convencida, pero cada vez parece irle gustando más la idea. Ya informará a todos de dónde las ponga. Le alegra ver que ella tampoco ande barajando largarse, al menos todavía… No le pregunta directamente.
La tarde la ocupan seleccionando muebles en las barracas, la sala de tiro y el búnker, y trasladándolos al espacio justo bajo la oquedad para trabajar luego con ellos. Diseña una estructura de placas contiguas que tapen por completo la entrada, atornilladas y clavadas a la roca y el suelo donde se pueda, con solo un resquicio lo justo de ancho como para disparar por él y que quepan con la armadura, en la parte de arriba. Por dentro harán una escalera de cajas para que quien sea pueda subir y salir rápido, pero que por fuera, no quede más remedio que le echen una mano desde dentro o trepe hasta encaramarse.
Abigaile va aprobando las ideas. Viendo todo lo que tienen para taponar entre colchones, somieres, mesas de chapa, tablas, etcétera… comenta que cree que podrían acabar creando una barrera impermeable a disparos de bajo calibre. Al menos por un tiempo.
Pide permiso a todos para desperdiciar una granada en una prueba. Al final, de hecho todos se le suman para ver el resultado de la misma… menos Yoni, que mejor ni sepa que tienen granadas.
No le gusta que estando ellos trasegando por arriba, ha empezado a darle por jugar al escondite y dar sustos por los túneles. A la hermana tampoco le ha hecho gracia, así que esperará a que se encargue ella.
Por fin, hacen los preparativos. Apunta a uno de los desvíos más pequeños y sin salida, quita la anilla, y la tira dentro; corriendo a guarecerse dos esquinazos más atrás con los demás.
El pitido producido por el eco de la explosión lo sorprende, mucho más intenso de lo que lo recordaba cuando la tiraron en espacio abierto. Las paredes han retumbado y vibrado. Se acercan como un pequeño pelotón titubeante.
Hay algo de humareda levantada, se han hecho añicos las rocas más cercanas y… ya. Apenas ha salido una grietecita en la pared…
Cuatro o cinco más, duda que hubieran sido capaces siquiera de tirar ese pequeño habitáculo. Habría estado guay haber podido contar con un plan de tirarles un área de la caverna encima a los invasores… Seguramente… sabiendo cómo hacerlo, taladrando en los lugares adecuados cercanos al techo… colocando varias dentro para maximizar la presión, se podría llegar a hacer que se les cayera encima un cuarto decentemente grande al que los condujeran… pero con sus conocimientos actuales acepta estar siendo fantasioso. Si la granada suelta no ha causado un derrumbe, no hay mucho más que hacer. Hugo se ha puesto de muy buen humor y sabe, por la confidente de su novia, que ha estado echándose la siesta y tomándose lo del PC de un modo más sano.
La astilla de Danko lo ensombrece todo un poco… pero bueno…
Adán y Carla parecen subidos al mismo carrusel emocional, a ratos taciturnos por las esquinas, a ratos implicándose en las dinámicas y tareas.
La sobremesa de la cena, la acaban pasando solos Hugo, Andrea y él. El amigo está mejorando tan rápido como empeoró. Menos mal. Menos mal…
Con la chica van charlando de que ya no pueden dejar salir a nadie y dando vueltas de molino con qué hacer con el crío. Carla es la que mejor sabía lidiar con aquellas cosas y ahora mismo no está asequible para ello. A ver si se va recomponiendo y puede hacerse un poco cargo de la tarea.
Ni él ni la hermana demasiado convencidos, acaban aun así decidiendo que por ahora, para que “haga algo”, se lo llevará ella a las guardias con Merlo.
Al final consigue que reconozca que le gusta el amigo… Es pudorosa cuando se trata de emociones de verdad, por mucho que aparente lo contrario.
De repente, Hugo se sacude en su sitio, se lleva las manos a la cabeza y empieza a chillar tan alto que todos aparecen corriendo.
Se ha puesto muy pálido. La piel se le ha marcado aún más contra los huesos y la nariz y boca le han empezado a sangrar.
La novia le sujeta la cabeza cuando por fin la levanta de la mesa, con ojos llenos de lágrimas erupcionando y enrojecidos, de mirada muy confusa e incrédula.
Hugo… él.
El otro lo calla con una mano. Sigue parpadeando rápido. Tarda en hablar.
¿Ha empeorado la herida? se dirige tácitamente sólo a Abigaile.
No… Estás un poco pálido. Pero no…
Se levanta y se va al baño. La chica va con él. Al rato, pasan por el pasillo, él por delante de ellos, encerrándose en su cuarto sin decir nada a nadie. La superespía sí que se para un momento y se acerca.
No sabe qué le ha pasado comienza, interrogada por los ojos de todos. Dice que la cabeza le empezó a doler como si se la taladraran se esfuerza en decir la palabra despacio para pronunciarla bien, y se sintió mareadísimo; como con un pitido en los oídos… y que de la nada desapareció.
“Joer”… Adán. A él también se lo ve un poco pálido… pero por lo que contó de su experiencia, no le pasó nada de eso… sólo el hambre extraña que siguen teniendo los dos.
Dejémosle dormir…
Ha dicho que se va a poner con el ordenador… concluye la novia, encogiéndose de hombros resignada y yéndose a hacer compañía y tratar de animar a su chico.
Joder… suelta mirando a Carla y tendiéndole la mano para que se vayan juntos a la cama.
Se niega a volver a ofuscarse con que se le muera el amigo.



Los siguientes dos días trabajan mucho en dejar bien parapetada la entrada. Cortando la madera y serrando el contrachapado. Uniéndolo entre sí con escuadras y cuerdas a través de agujeros preparados; incrustándolo en el suelo por toda su longitud con dificultosas perforaciones en la roca, y en una de las paredes que permitía clavarle, cincelando, gruesas agujas. Hugo ha seguido con el ordenador pero, viéndose seguir mejorando, recuperando el color y desapareciéndole el hambre inhumana, ha vuelto a sentirse de un talante, al menos, positivamente neutro. Acompañando sus labores para romper su tranquilidad, también hay, muy ocasionales, algunos inconfundibles berridos gritones… Nada se acerca sin embargo a su refugio. ¿Habrán visto y aprendido de lo que pasó?
Para esa segunda tarde, entre Carla, Adán, Abigaile y él, han dejado terminada la estructura. Con colchones amarrados perpendiculares al suelo y todo, para disminuir aún más la posibilidad de que las balas penetren. Merlo y Andrea se han quedado de amos de casa, encargándose de comidas, limpieza y el crío.
Qué sexi que se pone su chica cuando suda trabajando… y parece sentarle bien al carácter. Sin poderse resistir, se la lleva con él a la cama antes de que tenga oportunidad de ducharse y perder el carisma extra.
Tras cenar, se acuesta a meditar sin sueño… Bien, ya han hecho un buen plan para quedarse encerrados allí. Ahora tienen que hacer uno para poder salir. Se sonríe.
Pues sí que estaba más cansado de lo que parecía…
Por la mañana, Adán está ocupando el cuarto de estar… Dubitativo de si volverse a tumbar, acaba yendo a la enfermería a trastear con la radio. Carla se le suma pronto, algo desvelada ya cuando la dejó.
Se le hace difícil tener claro el ciclo de los días allí metido, con sólo el reloj de la sala común atándolo al tiempo. La suave sintonía de ronquidos le confirma que debe de ser temprano.
Por un buen rato captan parásitos. Recuerda que le sorprendió que funcionara allí dentro la primera vez. No ha buscado mucho, pero no ha visto por dónde pueda entrar la antena. Sólo se le ocurre que esté directamente empotrada hasta la superficie.
Sin embargo, jugueteando, acaba encontrando el sweet spot que sintoniza al Ejército de Liberación. Su canal general al menos. Carla le aplaude conseguirlo. Tampoco es que haya hecho gran cosa.
Pillan la transmisión a mitad del mensaje rutinario de siempre, hasta que, cuando finaliza, salta otro distinto, como el que avisaba de las bombas.
Y avisa de más bombas. Por lo visto, no saben cuándo esta vez, esperan nuevas detonaciones pronto. Exactamente en las mismas ciudades. Recomiendan no acercarse a menos de cuarenta kilómetros de ellas, dado el riesgo de la enorme concentración de zombis que han experimentado, la inminencia de futuras explosiones y que ya no queda nada de interés allí.
Luego se repite todo ese doble ciclo. Carla se ha puesto un poco mustia de nuevo. “Ya no queda nada de interés allí”, desde luego, es una mierda de mensaje que transmitir públicamente que se podían haber ahorrado…
Esas segundas detonaciones… Tienen algo más de sentido. Pero si todo el plan era concentrar a la mayor cantidad de aquellas cosas posibles para volarlas en pedazos… ¿Por qué no lo hicieron en medio del campo? Habría funcionado casi igual… No, hay algo más. Casi todo lo cercano a Barcelona es costa o montaña… No la habrían escogido como objetivo. Mucho más terreno habrían cubierto si hubieran tirado una por León, y otra por Cuenca o por Badajoz… por pensar ejemplos sin apenas estudiarlo detenidamente. ¿Habrán caído en Lisboa también?
Carla. ¿Pero entonces, ¡por qué!? Carla. La agarra de un hombro. No está muy mal. Pero con ella esas cosas pueden malograrse rápidamente. Ella le sonríe, tratando de transmitirle que se encuentra bien, aunque su sonrisa no lo demuestre.
La toma de ambas manos y se la acerca para besarla, primero en la frente y luego en los labios.
Los pasos de Adán (que no tenía que abrir ninguna puerta para salir) se acercan por el pasillo. Lo han despertado las voces que suelta el cacharro.
¡Buenos días! bosteza estirándose con sonoros crujidos de huesos. Carla da un saltito, rechinando los dientes con cómica grima ante el ruido.
¿Qué tal?
Bien…
Se queda en silencio, observándolos con los ojos muy entrecerrados, como si los separasen cientos de metros de distancia. Abruptamente se le ilumina el rostro con una idea y se larga.
Carla lo mira con los ojos muy abiertos, divertida, y una sonrisa buscando complicidad.
Él le devuelve una mueca semiconsciente de un solo lado de la cara y aguarda.
Por fin reaparece. Meneando la cabeza de un lado a otro con orgullo juguetón y sentándose con ellos; exhibiendo un porrillo bien enrollado.
¿Queréis?
Él y su novia se preguntan el uno al otro con los ojos.
¡Vale! suelta ella encogiéndose de hombros.
Él remolonea un poco más.
¿Por qué no? concede con el mismo gesto.
El siguiente cuarto de hora lo empeñan pasándoselo de uno a otro. La siguiente hora tirados en aquellas sillas. Sin decir nada apenas, salvo ocasionales tonterías que ríen largamente.
En algún momento ocurre un Merlo que los mira desde el umbral, les dice “qué hijos de puta”, y se va a desayunar, y les hace mucha gracia.
Las risas por aquello entran en un ciclo que se van pasando lentamente de uno a otro sin que lleguen a morir.
Abigaile aparece también, y les informa de que les toca hacer la guardia a él y Carla. Es verdad…
Guardia… Más o menos.
A la hora de comer Hugo llega con noticias de que está “hablando” con el ordenador. Que ya les dirá si consigue algo.
Luego, a solas, pregunta a Carla si le parece bien hacerse cargo del niño. No sola, que vaya pescando a quien vea sin hacer nada… pero que se encargue de él. Sin rezongar demasiado, acepta. Le gustan los niños.
Él vuelve a la enfermería, pone la radio en la frecuencia más baja que acepta y decide dar comienzo a su periplo autoimpuesto.
Lentamente, gira el dial la unidad más mínima que admite y espera minutos. Atento a cada distorsión, cada sonido aparentemente monocromático… a la caza de cualquier ancho de banda en el que puedan estar transmitiendo algo.
“Ejército de Liberación, si estáis transmitiendo, pienso atraparos”. Y como no funcione, la abrirá y “tuneará” para expandir su rango en el espectro. Va a necesitar pilas…
Las voces de Hugo, seguramente alguna hora después, lo detienen de su labor. Ya lejos de la radio, sigue oyendo ruido blanco dentro de su cabeza.
A ver… empieza cuando ya están todos. Tengo bastantes cosas. Lo primero. He estado intentando indagar sobre el propio PC. Entonces… Volvió a llamarme por mi nombre… Ah. No os lo conté… a ver… esta cosa sabe que no soy uno de los del búnker, y sólo aceptó que me presentase como Hugo. Hace bastante ya…
Todos menos él y Abigaile, a quien también debió de contárselo, intercambian miradas con los tres matices de “por ahora no me entero”, “esto va a ser largo” y “curiosidad”. ¿Por qué han dejado que esté allí Yoni? Hugo no sabe tener el tacto adecuado… Por cierto… su arañazo está… muy bien. Joder qué bien. Sí que le va a acabar quedando una cicatriz sexi al cabrón. Su personalidad ya casi parece la de siempre.
…Total. Bueno. Que… a ver. Primero intenté obtener los datos de sistema… sus especificaciones… fue cuando me empezó a enviar líneas de código que… interpretadas… era como si estuviera intentando dar instrucciones biológicas a mi cuerpo para que le diera las mías… Y es que lo peor es que no iban en serio recalca muchísimo esas últimas palabras. Él entiende muy bien por qué y va abriendo muchísimo los ojos, lamentando habérselo perdido. Quiero decir… lo que me envió era algo así como pseudocódigo… A ver. Da igual. El caso es que es como si me estuviera gastando una broma. Un ordenador. Con sentido del humor. Le seguí el juego introduciéndole mis “especificaciones”. Hace las comillas con sus propias manos. Y él me dijo que no estaba solo… Larga pausa respirando. Resumen: hay más como él. Y puede hablar con ellos. Él mismo lo llamó hablar. A la vez dice que son la misma cosa. Lo que yo he entendido es que se tiene como parte de un algo más grande… pero… “putas”. Muchas “putas”.
Pero… Merlo.
A ver. Todo eso da igual. El caso. Que preguntándole por él y eso intenté ir a quién lo había creado. Le introduje yo mismo la clase “Hoenhaim”, preguntándole sobre si era una clase “padre” sobre él. Si pertenecía a ella. Y me respondió enviándome una entrada sobre una predicción del clima en nuestra área para los próximos días. Mañana va a llover. Me cambió de tema. Me cambió de tema con el puto tiempo. Esto que tengo delante es algo con puto sentido del humor.
Siente envidia de Hugo.
Vale… Andrea, que no comprende lo trascendente de lo que el amigo está diciendo.
Luego hace caso omiso al ignorante escepticismo de la nueva, traté de sonsacarle sobre esos otros con los que habla. Acabé derivando a las instalaciones y conseguí por fin acceder a una lista. Una lista censurada. Ya no sé si censurada de base o por él… El archivo que pude abrir contenía muchas entradas… pero únicamente visibles las de las instalaciones ubicadas en “Vieja nación España”. España en español. El resto en alemán.
¡¿Y?! apremia incordiado por que tenga que respirar.
Pues bueno. Sé que estamos en un búnker destinado a optimizar la producción y diseño de… “desestabilizadores” durante las fases uno y dos, y al apoyo logístico de las “granjas” durante las fases tres y cuatro.
¿Qué?
Hasta ahí puedo leer…
¡Joder! Se enerva muy satisfecho.
No. No es todo. Besaría a Hugo en la boca. También sé para qué es el otro búnker. El de las baleares. Que sí que es un búnker.
El jodido alarga eternamente el silencio dramático.
Sea lo que sea, es el punto de almacenaje de “el tiburón”. Ah… continúaa como si fuera irrelevante, y están investigando la cura.
El silencio se hace dramático sin su ayuda ya, y mira con una sonrisa henchida de autocomplacencia a Adán. Adán lo observa con un rostro muy serio, pero no tenso.
¡¿Qué búnker?! ¿Dónde?
Un poco entre todos, pero no sin concierto, le explican de los mapas que consiguió extraer el otro día y el punto en la costa norte de Mallorca.
Y cuando están a punto de volver a sus cosas, ya dándole la enhorabuena, y Yoni especialmente pesado con que se aburre, vuelve a la carga.
Hay una última cosa…
¿Qué?, ¿qué?, ¡¿QUÉ?!
Insistí en quién era… bueno, el cómo da igual. He accedido a este archivo en red. Es una base de datos. Podría escribir en ella, creo… Contiene fotografías… de todo el mundo, creo… con sus DNIs o lo que usen en su país… fechas de nacimiento, y si están vivos, muertos, o “desconocido”.
En cuanto comprenden, sufre el compañero una avalancha de peticiones de búsquedas.
Inquietantemente, todos ellos aparecen como vivos en la base de datos; incluida Abigaile con su verdadera identidad y hasta Yoni, sin número de DNI asociado, pero con una fotografía bastante reciente que Andrea no reconoce. Parece estar mirando hacia arriba en una de las plazas del pueblo. Deciden darse de baja, pero aunque él sustituya sus campos respectivos por “muerto”, vuelven a ponerse como “vivo” instantáneamente. Con otras personas que no saben quiénes son, sí que les deja poner valores aleatoriamente.
Pero por lo demás, los resultados son tibiamente decepcionantes. Salvo la madre de Merlo y su amigo Jesús, y un tal Álvaro amigo de ellos, que figuran como “vivo”, el resto de las personas que conocen y han probado salen como “desconocido”; hasta que se les ocurre probar con Danko. Sale como “vivo”. Le pide que actualice el registro a “muerto”. Esta vez la base de datos se traga el cambio. Está claro que a ellos los está detectando como vivos por estar allí. Así que Danko… podría ser que no se hubiera modificado la entrada desde que se marchó… no tiene clara la brujería que opera aquella cosa, pero no es suficiente como para rehacerse esperanzas.
Acaban marchándose después de jugar un poco más con la cosa, descubriendo entre otras tonterías que el príncipe del país está muerto, y tanto Esperanza Aguirre como Jordi Hurtado vivos. ¡Y Chuck Norris! Desgraciadamente ni Elvis ni Bruce Lee figuran en la lista. Bueno hay muchos Bruce Lee, pero ninguno con la cara que esperaban. También hay demasiados Elvis, con una cara demasiado similar a la que esperaban…
Merlo sale, con una alegría templada; al menos él sabe que le queda alguien, aunque ha comentado sobre por qué diablos sabrá eso que está viva su madre, con algo de preocupación.
Él regresa a su quehacer… pronto interrumpido por Carla, que le reclama mimos a solas en la cama. Y ni siquiera de los que dan placer… sólo estar en compañía, calor y olor.
Pero… si sabe instantáneamente que ellos están vivos… o las cámaras están encendidas… o tiene alguna otra forma de percibirlos…
Al final, sin que el delicioso tedio de su compañera lo deje levantarse, opta por sucumbir a un sueño hambriento.



Se levanta solitario, y parte entre retortijones de apetito insatisfecho a la cocina, inmisericorde ante que Adán se encuentre o no durmiendo.
Lo halla charlando con su novia, riendo demasiado los dos…
¡Buenos días!
Buenos días…
Hola… Le falta poder añadir un icono de carita sonriente a su chica a sus palabras, que se lanza a darle un beso largo, tan cariñoso que compensa el leve tufillo de su aliento mañanero.
Esteban, no seas idiota…
La jornada se le escapa rápida entre los dedos. Entre ponerse con la radio, comer y hacer guardia (a la que se lleva la radio). Hugo no trae nuevas esta vez. A cambio él sintoniza un canal de música. Parece instrumental, como de películas de los años sesenta… aunque no reconoce ninguna pieza en concreto. No hay presentador ni voz alguna, solamente sucesión de temas. Igualmente memoriza bien el rango en que se la puede escuchar. La nitidez es baja… Pero con casi todo el planeta apagado, puede ser o que esté lejos la fuente, o simplemente que no tengan medios. Después sigue barriendo el espectro, con paciencia. Se propone probar el canal de música todos los días, durante una hora al menos.
En la cena oye una conversación en la que intenta no participar sobre si volverán a ver a Danko.
En la cama, su novia despotrica largo rato sobre lo gordo que le está cayendo el chaval últimamente. Que sabe que es un crío y que es por la situación, pero que se está comportando como un caprichoso que encadena rabietas insufribles.
Aunque sea totalmente lógico, decide darle la razón en todo y ofrecerle ayuda en lo que necesite. Acaban teniendo mimos de los especialmente satisfactorios.
Lo despierta secamente Abigaile, de un par de zarandeos.
Esteban. ¡Ven rápido!
Teniendo en cuenta quién lo despierta, se pone en pie de un salto que desvela quejicosa a su novia, a la cual ignora, y sale trotando para poder mantener el ritmo de la chica. Se siente un poco mareado de la brusquedad, pero en esas situaciones especialmente tiene que sacar talante de donde sea.
Al pasar por la habitación de la otra, encuentra a Hugo sentado junto con Andrea en un quicio de la cama. Abigaile no le ofrece oportunidad de preguntarles nada, saliendo directa a las escaleras, a las cuevas.
Por el camino le informa de que llegó Andrea, diciendo que ella y Merlo habían oído ruido fuera y después apareció un tío vestido de militar, tras un escudo de antidisturbios que enfocaba la puerta, y sujetando un palo con un paño blanco atado al extremo.
Y que cuando le dieron el alto, ya lista ella para bajar a avisarnos, pidió verlo a él expresamente.
Se esfuerza por contener cierta soberbia complacida.
Arriba, a esas horas tempraneras en que la luz del día nublado es tan blanca que casi parece oscuridad, hace bastante fresco.
Encuentra a Merlo subido a las cajas, observando pegado a la pared en un intento de que el claroscuro lo oculte. Enseguida le cede el espacio.
No sin preocupación, asoma visiblemente la cabeza.
¿Hola?
Silencio.
¡Por fin! el otro habla sin retirar el escudo que lo protege. ¡Hola! Empezaba a pensar que intentabais torturarme. ¡¿Sabes el frío que hace?!
Calla y arquea una ceja.
¡Bueno! Que me llamo Ernesto. Y que el jefe quería que te dijera a ti en específico que vendrán dentro de cuatro días. ¡Que os marchéis todos antes y os perdonarán lo que habéis hecho! ¡Ale! Me largo, que se me están helando los huevos.
No puede evitar levantar las cejas ante el personaje.
¡¿Por qué a mí?!
¡Y yo qué sé! responde dirigiéndose ya hacia el tramo de valla que es imposible vean desde allí.
¿Qué pasa si no nos vamos?
El otro se detiene y asoma la cabeza fuera del translúcido plástico de su escudo. No tendrá más edad que él. Tampoco tiene uno de los dos ojos.
¡Entrarán, os matarán a todos menos a la extranjera pelirroja y… ya supongo!
Mira hacia dentro, le pide el rifle que trajo de vuelta Adán a Merlo y, nada más se lo pasa desde la pared en que descansaba, lo saca, sabiendo que tiene que responder contundentemente.
Pero para cuando ha querido hacer todo eso, el otro ya ha desaparecido de su campo visual.
Se nota estremecido. Joder. Son buenos con el lenguaje contextual…
Baja de un salto y vuelve hacia dentro sin hablar con nadie. Abigaile, a su lado por los pasillos, le dice que tienen que irse. Él responde que ya lo sabe, con tono de “ni de coña nos vamos”. Ella arquea los hombros y se reúnen abajo, despertando a todos.
Se han olvidado a Merlo arriba. Mandan a Andrea que lo traiga.
Contra su voluntad, votan la mayoría de Andrea, Abigaile y Hugo largarse cuanto antes, frente a las abstenciones de Adán y Merlo, y las negativas suya y de Carla.
Al menos consigue convencerles de buscar ir al este. Eso Adán lo apoya con fiereza. Intenta ayudar a planificar cómo marcharse, seleccionar todo lo que intentarán cargar entre los dos coches…
Durante la comida acuerdan salir al día siguiente. Él expone de nuevo que es mala idea, que ni siquiera tienen la certeza de que no los atacarán por el camino, aprovechando que ni siquiera tengan la mina para protegerse.
Abigaile también apoya esa idea, reincidiendo sin embargo en su propio plan de marcharse ligeros, a pie, en mitad de la noche… La escuchan con respeto… pero para su suerte se han vuelto muy cómodos de los bienes que poseen. Más tiempo para convencerlos…
Sin información nueva, no logrará opiniones nuevas. Vuelve a su radio. Nada. Carla asustada requiriéndole… doble nada.
Con la almohada vuelve a darle vueltas a todo. A Ernesto no lo han mandado por nada, está claro que querían impactarlos. Pero eso no significa debilidad por su lado… Esas minas… por recursos que tengan, es imposible que no pierdan gente atacándolas si ellos las defienden. Túneles que desconocen, pasillos de un solo sentido, escondites en los que tenderles trampas, armaduras y una enorme puerta blindada… El problema de que les dejen marcharse es que… no les van a dejar irse con todo eso. Seguro que esperan que tengan muchas más armas de las que tienen y todo… No. Salir en coche es una pésima idea… Si no consigue convencerlos de quedarse algo más, tiene que apoyar el plan de Abigaile. Cuando vengan… puede conseguir más tiempo. No es descabellado… Más días. Más información del ordenador de Hugo, más tiempo para pensar planes… más tiempo para hacerse a la idea.
¿Está siendo cegado por sus ideas? No… no se opone a irse… Tienen que irse de hecho, al siguiente sitio, a donde puedan curar a Liliana, a donde puedan seguir avanzando. Pero cuando llegue el momento…
Duerme.
Lo despiertan los chillidos histéricos de Yoni diciendo que quiere irse a casa, que ayer le dijo lo mismo (lo de que ya volverían). Oye por primera vez a Andrea gritarle, y por primera vez el impacto de una bofetada por su parte. Luego solo llantos absolutamente desconsolados.
Sale, incapaz de volver a coger el sueño. Encuentra a Merlo desayunando sombrío, con rostro mitad preocupado por los problemas importantes, mitad harto por los problemas insignificantes. “Toda novia tiene un precio”, piensa sonriéndose.
La voz de Andrea, intentando razonar con el hermano desde hace un buen rato, se calla unos segundos; después aparece en el pasillo con un bramido gutural, ronco y frustrado. Llegan más llantos infantiles y apagados desde su habitación
¡Hola! le espeta, más como una declaración de “no me hables” que como un saludo. Merlo. Ve tú a hablar con él. No es una petición.
Merlo la mira. Lo mira a él luego. Pone los ojos en blanco y va hacia la habitación. Seguro que no esperaba tener un hijo tan pronto…
Decide no evitar mirar a la chica con una sonrisita… solo un diez por ciento divertida, el resto compasiva. La otra le hace un corte de mangas, pero no de malas maneras, y se sirve leche en polvo con el agua del grifo. Él por su parte sigue negándose a beber nada que salga de las tuberías si no ha pasado antes por la vitrocerámica. Bastante le cuesta ducharse sin obsesionarse. Aunque casi seguro que las instalaciones deben de tener depuradora propia… O no… ¿para qué el agua embotellada si no?
Abigaile también llega con cara de pocos amigos. Como Carla se levante igual…
Buenos días… sugiere con miedo.
Hola…
Se sirve un vaso de agua y va directa al cuarto de baño. Adán entre tanto profiere una protesta en idioma onírico desde su colchón y se da dos vueltas sobre su eje tras las que se tira un pedo inconsciente. Andrea se echa una mano a la cara y se larga.
Y vuelve a estar solo. Se acomoda a la peste intestinal del amigo y se hierve su propio vaso, con dificultades para bebérselo, pero temeroso de acercarse a nadie. Abigaile pasa por delante de nuevo y se encierra con el novio.
Oye discusión desde su habitación; por primera vez también. Pero por más que se empeña no capta nada. En fin.
¡Bien! ¡Carla está de un humor decente! Se sienta sobre sus piernas, haciendo que se dé cuenta de que ya casi no le molesta la espalda. Y viendo el percal, decide no desperdiciar la erección espontánea que surge… Después de todo van a estar sin cama desde hoy por una temporada. Ella encantada.
Van oyendo el rumiar de charlas cada vez más despiertas y concentradas en el salón, entre risitas y arrumacos poscoitales. ¿Para qué salir? ¿Para ayudar a empacar? Lo poco que ha visto le ha enseñado que no es el día para intentar convencer a nadie de nada. Y es el día en que se van… Si al menos consigue liarles para irse a pie, dará igual que hayan hecho equipaje o no…
Salen justo orbitando el tener que comer. ¿No tendrían que haber hecho guardia ellos? Mierda… Salvo la pareja del ordenador, los demás están reunidos, con varias mochilas preparadas en una esquina. No se dan cuenta o no se lo echan en cara…
Andrea está enseñando a su hermano a hacer hervir el agua, solo por entretenerlo. Supone que comerán las legumbres del día anterior; el niño debió de haber preguntado cómo se hacían o lo que eran. Deja a Carla con ellos y se va con su radio.
Durante una hora, sigue escuchando música antigua, hasta que las últimas esperanzas se le desmoronan descubriendo que la emisora, sea lo que sea, está también en algún ciclo largo y ha vuelto a reproducir, en el mismo orden que recuerda, varias de las piezas que oyó la primera vez.
Siente a Hugo y la novia ir a donde el resto y empezar a hablar sin preámbulos.
Estaba intentando encontrar alguna alternativa a irnos, para defendernos o lo que fuera… venid resume.
Van. Él incluido.
Estaba buscando alternativas a tenernos que marchar sigue el amigo por el breve camino, intentando hacer funcionar las cámaras, o la puerta… Hasta que probé a decirle que no queríamos irnos y que necesitábamos ayuda. Entonces me enseñó esto.
Señala un mensaje ilegible en la pantalla.
¿Qué pone? concede en preguntar él.
Pues… recalco que llevo menos de un mes traduciendo alemán, y casi todo lo hago con el diccionario. Pero lo que he entendido es algo así como que, porque no hemos respondido a unos mensajes estas semanas, que no he encontrado en ninguna parte, y porque han visto actividad fuera del protocolo, va a venir “el supervisor”; el día uno de diciembre. Luego dice que tengamos en cuenta la importancia de tener todo listo para su visita o algo así. Según dice, vendrá el uno de diciembre. Creo que es como si el ordenador estuviera diciéndonos que importa poco lo de las cámaras y lo de los tíos esos… El mensaje nos llegó anteayer por lo visto.
¿Quién es el supervisor?
Eso es… lo que más me preocupa. En alemán tienen un género neutro. Supervisor debería ser “un” supervisor. No sé muy bien si podría ser “una” supervisora… pero lo que pone… no sabría si traducirlo como “uno” supervisor, o como qué. No en cuanto a número…, de que venga sólo uno… sino como cosa. En el mensaje, las dos veces que aparece la palabra lo tratan como si fuera un sujeto neutro…
Cómo… Merlo.
No lo sé…
Hugo se abandona en la silla, ya derrotado de tantas cosas juntas, y de tantas horas de trabajo demasiado lentamente recompensado.
Está claro que hasta que el ordenador le haya enseñado eso ahora, ha sido, como mínimo, algo planificado por la propia máquina, si no por alguien detrás. ¿Podrá escuchar y entender sus conversaciones o algo?
En cualquier caso eso lo cambia todo…
Esto lo cambia todo… empieza casi carraspeando y dirigiéndose al grupo. Abigaile lo mira con un cierto gesto de “a ver por dónde sale ahora” . Tenemos que irnos…
Eso ya lo habíamos decidido “no aporta” ella.
No. O sea, sí, lo habíamos decidido. Lo que quiero decir es que antes no era necesario. Ahora… sí.
Andrea se lleva al hermano, lo cual agradece.
A ver… antes… contra los otros… podríamos pelear y triunfar. Contra quienes han hecho esto… Me da igual si ese supervisor es alguien o algo. Si tienen tecnología como ésta da una palmada al generador cómico o como nuestras armaduras… no tenemos nada que hacer.
Me alegro de que estés de acuerdo. Pues vamos a empacar las cosas.
Pero… suelta juguetón. Precisamente por eso tenemos que quedarnos.
Esteban… Hugo.
Dejadme hablar, no seáis chungos.
Habla, habla Abigaile, sentándose en la cama con un suave bufido.
A ver… Lo que intento decir es… Abi, tú también opinabas que era muy posible que esa gente quisiera tendernos una trampa cuando nos fuéramos…
Sí…
Si salimos en coche, mal. Si salimos a hurtadillas… mejor, pero estamos doblemente expuestos si nos pillan…
Ajá…
Tenemos que quedarnos. Ganar tiempo… El uno es…
Dentro de seis días. Hugo.
Sí… son tres días más de lo que nos han dicho… Puedo conseguirlo. Quiero decir… Si salimos sin nada, aunque lo logremos, vamos a estar en la mierda. Pero si conseguimos que coincidan. Los dos grupos… Dejamos el todoterreno preparado para salir campo a través, aunque vayamos apretados todos… podríamos llevarnos cosas y… en el fuego cruzado… tendremos la mejor oportunidad para salir…
¿Y cómo sabes que va a haber fuego cruzado?
Porque los que vengan de parte de los nazis… No se le ocurre otra forma de referirse al bando que ha construido aquello. Van a dar por sentado que este sitio es suyo. Y el ejército éste es de gatillo fácil… no van a querer renunciar al sitio…
No ha quedado claro que sean de gatillo tan fácil… Abigaile está empezando a convencerse de su idea, contra su voluntad. Supongo que querrás negociar unos días más… pero, ¿qué pasa si no lo consigues?
A ver… desde mi punto de vista, nos va a tocar luchar igual. Nos vayamos o nos quedemos… Entonces, si en el peor de los casos nos toca luchar dentro de tres días… si nos despreocupamos por el gasto de recursos, a lo mejor podemos parapetarnos otros tres más. Tendrán que tirar la barricada, tendrán que explorar las minas, y no es fácil, más si van con miedo de que los acribillemos en cualquier esquina. Tendrán que tomar el búnker por una entrada muy pequeña a la que sólo se llega bajando por una escalera muy pequeña que podemos quitar, y que da a parar a una sala sin coberturas y a la que podemos disparar… realmente atacarnos, aun con los pocos que somos, es un infierno para cualquiera… Calla. Tenemos armaduras y explosivos… añade.
La gente los observa, y luego pasan a mirar a Abigaile. Dan más crédito al criterio de ella que al suyo…
No sé… responde por fin al interrogatorio visual. Lo que dice tiene sentido… no significa que no pudiera funcionar escabullirnos también. Pero si conseguimos que se tiroteen entre sí los dos grupos… No seremos una prioridad cuando nos estemos escapando…
¡Bien!
Lo que digáis concluye.
¡Bien!
Él mira a los demás. Encogiéndose de hombros en pretendida modestia.
Yo creo… empieza que es lo más seguro…
¿Y si no consigues convencerles? Andrea, desde el quicio de la sala, atenta con un ojo a que Yoni no se acerque demasiado.
Ya lo he dicho… Tendremos que aguantar.
Pero eso significa lucha asegurada…
Bueno… o no… tendrán que tomarse mucho tiempo en entrar… Como tengamos que defendernos en campo abierto, o dentro de un coche… Será mucho peor.
Ella tuerce la boca insatisfecha.
Pero es que en cualquier caso, en tu plan… ¿y si no coinciden? Quiero decir, ¿y si llega ese supervisor antes? O mucho después…
La putada es que venga antes… sí. Propongo que dejemos todo listo para salir, y que en cuanto veamos indicio de que viene alguien más aparte de esta gente nos larguemos cagando ostias. Campo a través. La diferencia es que los que vengan de este sitio… no tendrán ya preparada una red de trampas para impedirnos escapar… No creo que vayan a perder el tiempo de perseguirnos. Si llega mucho después… lo esperaremos…
“Creo”, “tendrán”, “si”. No hay una sola cosa clara en lo que dices, tío.
¿Y qué propones?
Pienso que nos tendríamos que haber ido hace bastante de aquí…
Qué cómodo… Bueno, pero ahora las cosas están así y hay que intentar ser útil.
Vete a la mierda, macho.
Haya paz… Hugo.
Andrea… Realmente ninguno queríamos que esto fuera así Abigaile. Lo que dice Esteban es arriesgado, pero irnos ahora también lo es. Aunque nos fuéramos dejándoles todas las cosas del búnker dentro, no se creerían que no nos la hemos llevado, y las quieren… yo también veo muy posible que nos ataquen por el camino. La oportunidad de habernos ido en paz la tuvimos justo después de su primer ataque… Pero por muchos motivos no pudimos aprovecharla… Y si lo hubiéramos hecho habríamos condenado a Adán, por ejemplo.
El mencionado mira hacia los lados como intentando excluirse de la ecuación, o decir “lo siento”.
Pero aunque salgamos como decís cuando se encuentren los dos… Pueden seguir disparándonos cualquiera de ambos.
Sí… sigue la chica, a la cual deja hablar. Y seguro que hasta cierto punto lo intentarán… todo depende de cómo sea la situación… Pero lo más probable es que reine el caos, de dos grupos no sabiendo cual es el otro que los está atacando, ambos habiendo venido con la estrategia preparada para asaltar una mina, no para luchar con un rival desde a saber qué posición. Lo más seguro es que mientras solo nos estemos yendo, nos dejen bastante en paz. Al menos si ninguno de los dos bandos no tiene unos recursos abrumadores sobre los del otro…
¿Y eso lo sabemos?
No…
Está bien. ¿Entonces tú qué opinas…?
Por esta vez… estoy de acuerdo con el plan de Esteban.
Andrea se encoge de hombros negando con la cabeza, muy preocupada de que le hagan daño a su hermano, y se va con él; otorgando callando.
Adán y Merlo están indiferentemente de acuerdo. Carla, aunque muy asustada, también. Hugo… lleva rato ignorándolos, de vuelta a sus teclas y su pantalla.
La tarde vuelve a ser una de aquellas tensas. Él y su novia repasan y empacan las cosas que llevarán consigo en mochilas y ayudan a subir a la entrada los pocos bultos extra que podrían cargar en el vehículo, decidiendo, él también de acuerdo, tenerlo todo preparado por si algo obliga a hacer un cambio de planes relámpago. Las armas y armaduras deciden seguirlas teniendo a recaudo en el búnker, hasta el último momento.
Va jugueteando, intentando imaginar cómo será la situación de negociación. Teme que va a jugarse bastante el pellejo durante la misma.
Después, como Hugo queriendo ser algo productivo, vuelve a su radio y su largo barrido de frecuencias, desconectando de lo que quiera estén haciendo el resto.
Tanto él como Carla duermen intranquilos… la espera va a ser agotadora.
Se levanta de los últimos. Solo faltan Andrea y su hermano, y cuando llega empiezan a desayunar conjuntamente. En un extraño sentido, parece que la tensión los está empujando a querer estar juntos.
No hablan mucho. Algún comentario rápido sobre si se han acordado de guardar tal o cual cosa. Alguna queja de Merlo apoyada por Adán y él de no tener shisha. Una larga plática de odio a Paco, seguida de disculparse y más o menos comprenderlo… hasta admirarlo.
Entonces, Carla y Hugo meten un berrido unísono, se llevan las manos a las sienes desencajando la boca, y paran con ojos descolocados de sorpresa y dolor.
¡¿Tú también?! Hugo.
Carla asiente mirándolo, y luego buscándolo a él.
¡¿Qué os ha pasado?!
Andrea llega de una carrera. La voz de Yoni preguntando qué pasa suena desde su cuarto.
No lo sé… Carla.
¡¿Estás bien?!
Ya sí… ha sido… de golpe…
…de repente. No sé… me ha dolido un montón la cabeza… Hugo, hablando con su novia.
Evidentemente, empieza a escamarse muchísimo… Tal y como están las cosas, esos fenómenos no son fortuitos… Odia la sensación constante de estar jugando con unas reglas que desconoce.
Cuando se calman los ánimos el chico se marcha a su ordenador, con la misma motivación por la que él va a ir pronto a seguir con la radio.
Se alegra de ver que, dado que ha sido tan repentino, Carla no le da mucha más importancia. Más que preocupada, parece ya simplemente intrigada.
Termina con el aparato casi para la cena. Nada más que la emisora musical, la transmisión cíclica del Ejército de Liberación y un canal en el que llegaba una distorsión mucho más fuerte e irregular… pero de la que tras media hora no pudo sacar nada en claro. Solamente le queda ir vigilando esos tres anchos de banda de vez en cuando, sin tiempo para ponerse a trastear destripando el cacharro.
¿Qué irá a hacer Adán con Lili? Al coche no pueden subirla, eso tiene que saberlo… Su plan será llevarla con él en la moto, a parte… Bueno, más espacio para ellos… Su apoyo le será crucial para convencer a todos de ir hacia el nuevo destino…
Siente como si estuviera teniendo que sujetar todo el tiempo una pelota muy pesada, escurridiza y frágil. Un globo enorme de agua cuyas paredes elásticas apenas hicieran fuerza para contenerla.
Amanece la víspera de la jornada de negociación. Ya no se permite que nadie se escaquee de las guardias. Ni para dormir, ni para comer, ni para nada…
En su turno por la tarde, empieza a oír un estruendo. Su novia se asoma con él por encima del muro. ¡¿Un helicóptero?!
La arena del patio empieza a apartarse molestada en amplias ondas, cerca de la entrada. Apunta al lugar de aterrizaje con el HK. No se demora en aparecer, gigantesco, el vehículo.
De color verde apagado, camuflaje; larguísimo y aspecto blindado. Posándose a la vez que sus palas van dejando de girar. Es muchísimo más grande que el helicóptero corriente de prensa o radio. ¿Qué debe de tener de la cabina a la cola?, ¿quince metros? Carece de armamento visible y sus alas son minúsculas en comparación al cuerpo; con seis ventanas rectangulares distribuidas a lo largo de cada lateral, dos de ellas en una puerta corredera central que se está abriendo.
¡Qué hijo de puta!
Vistiendo la armadura, pero delatado por su característico “puño”, baja Danko el primero; seguido por poco de una chica muy delgada y de pelo castaño ondulado, mayor que ellos, pero con cierto atractivo joven aún, con ropas muy sucias. Y un poco después, sale un hombre, vestido en traje de trabajo, con algo de barriga, pero cara de Bruce Willis, en el papel de Bruce Willis: agente retirado.
Qué hijo de puta…
¡Esteban! ¿Esto es una indirecta de que nos larguemos? empieza dando una patadita a la barricada.
¡Danko! Se expone entero, tendiéndole la mano para que suba ¡Daos prisa, no es seguro ahí fuera! ¡Nos sitia el Ejército de Liberación!
¡¿Y por qué coño no os habéis largado?!
Como si quisieran ayudarle a reforzar sus palabras, suena un disparo que impacta contra el suelo como una advertencia. Sí, salir huyendo no es una opción…
El padre coge a la hermana del brazo y corre. Con gran velocidad, ayudados por él y su novia, acaban saltando dentro.
Saludándolos brevemente, con parcas presentaciones, los invitan a ir al agujero y ver al resto, para poder charlar más tranquilos.
Se dan a conocer al resto del grupo con cierta ilusión, apresurada sin embargo por tratar los asuntos que se han perdido. Y ellos por saber qué les ha pasado; aunque él acaba controlando que no se desvíen hacia la historia de los recién llegados, teniendo asuntos urgentes entre manos. Gordan, el padre, parece agradecer ir al grano.
Conforme les resumen todo lo que ha ocurrido, ofreciéndoles comida y bebida entre tanto, Danko acaba volviendo a concluir que por qué coño no se han largado todavía. No le gusta mucho el plan de esperar a que coincidan los dos grupos…
Sin embargo el conflicto estalla cuando, rápidamente, rehacen su plan de huida para usar el helicóptero en el momento adecuado y largarse a las baleares, mencionando la novia zombi de Adán.
Danko se niega con fervor a ir a buscar más instalaciones nazis, y exige ir lo más rápido que puedan hacia Bulgaria. Mucho menos poblada, mucho más armada que España.
Al final, con pesar de tener que hacerlo, para convencerlo, acaba recurriendo a la bomba de acusarlo de no querer ayudar a su amigo, Adán, que estaba manteniéndose especialmente alicaído durante la conversación, con su habitual personalidad de no querer ser una molestia; y decirle que tienen la oportunidad de curar a su novia y que lo está dejando tirado.
Temiéndose ir a ser golpeado en cualquier momento, acaba viendo cómo se produce el efecto que desea y, discutiendo primero en búlgaro con su padre un momento, aceptan dejar en las islas a quienes sigan empeñados en meterse donde no les llaman, pero que ellos se irán igualmente, con quien quiera acompañarlos. Luego le pide perdón a Adán, quien encima, en vez de molestarse porque no le ayude, le da las gracias.
En fin. La familia, tan asocial como el hijo, se retira pronto por su lado, sin hacer demasiada vida pública. La hermana apenas si ha dicho su nombre impronunciable, Tsveta. Tiene la sensación de que, menos que a nadie, al padre no le gusta mucho la idea de ir a esperar a la guerra entre los dos grupos, y que querría salir ya… Al menos han comunicado que tienen un fusil en el helicóptero, así que, contando el que ha traído de vuelta Danko, ya hacen cuatro armas decentes.
Por turnos, van duchándose todos, sabiendo que cabe la posibilidad de que, incluso si tienen suerte, sea la última vez que lo hagan en caliente en una larga temporada.
A la noche, tanto él como Carla tienen que poner de su parte por concederse un encuentro (y posible despedida) carnal, sin verdadero ánimo ninguno para ello; temiendo, especialmente ella, que cuando salga él mañana a negociar le vuelen la cabeza…



Pertrechado con la única armadura intacta que queda, vuelve a oír la llamada de “¡Que salga vuestro líder!”.
Mira a Abigaile.
Tú eres mejor luchadora.  Salgo yo, por si pasa lo peor.
La chica lo mira preocupada, pero sin que haya hecho efecto en ella el intento de “convencerla” de que la tenga por la líder del grupo. Igualmente, salta la valla, con todos los amigos a la espalda, forcejeando cariñosamente con la mano de Carla que no quiere soltarlo.
Fuera… Al otro lado de la entrada de verja hay un tanque. Con un soldado asomándose por la escotilla y otro sentado en su parte delantera, con aspectos intimidatoriamente relajados. Frente al vehículo se encuentra el indiscutible “jefe”. Un hombre con barba pulcramente afeitada y pelo corto. Joven y corpulento, de facciones nacidas para pelearse. Pelo lacio y apenas crecido, de tono negro. Viste unos pantalones de camuflaje con botas a juego, y solamente una camiseta verde oscuro de tirantes ceñida, pese a la gélida mañana, que expone sus brazos musculosos. En la cara lleva unas gafas de sol y una sonrisa confiada, carente de armas.
Tras él hay otros cinco transportes, tres vehículos todoterrenos y dos blindados de arriba abajo. Fuera de ellos, al menos treinta personas pertrechadas, abrigadas y armadas. No ve a Ernesto entre los demás… ¿Una forma de decirle sutilmente que son aún más?
¡Hola! ¿Esteban verdad? Empieza a acercarse a la verja en su dirección.
Hola. Sí. Él lo imita.
Soy el sargento Cruces; mis amigos me llaman Filemón… Está claro que por cuando llevara el pelo rapado…
¿Y yo soy tu amigo?
No. No lo creo…
Vaya…
Pensé que os habían informado de que necesitábamos que despejarais estas instalaciones… Ya están prácticamente frente a frente, con el entramado de alambre como única frontera.
Sí…
¿Entiendo entonces que os negáis a colaborar con nosotros?
¡No!, ¡para nada! apresura. Perdone el malentendido sargento… No tuvimos la oportunidad de exponerle nuestra situación a su subordinado.
Qué pena… Sigue con su sonrisa. ¿Cuál es su situación, ciudadano?
Verá. Simplemente no hemos podido cumplir con el plazo… Uno de nuestros compañeros está en cama, en la enfermería de las instalaciones. Tenemos intención de marcharnos pero queremos esperar a que sea seguro trasladarlo…
Ah… no tenía ni idea de su problema… En nuestro grupo hay varios sanitarios. Le sonríe. ¿Por qué no permite que entren mis hombres y se hagan cargo de la situación? En cuanto su amigo se encuentre rehabilitado, les dejaremos marcharse en paz…
Sargento Cruces… dejémonos de tonterías. Sabe que no puedo permitirlo. Sólo queremos pediros tres días más. Es lo que necesitamos para que se recupere mi amigo. Les prometo que dentro de tres días, cuando vengan, ya no estaremos…
¿Tres días?
Sí.
¿Para que se recupere vuestro amigo, no?
Sí.
Ya. Pero mi gente ha hecho un camino largo hasta aquí… ¿Cuál es vuestra propuesta para si decidimos quedarnos y dormir calientes en las cuevas?
Aguarda unos segundos.
No puede ser… las instalaciones no están preparadas para tanta gente…
Pero mi gente tiene que dormir en algún sitio…
Os invito a que acampéis por la zona…
No me parece justo. Creo que vamos a pasar…
En ese caso no nos quedará más remedio que defendernos para asegurar nuestros recursos por estos tres días…
Por cierto… bonito cacharro señala el helicóptero con la cabeza.
Gracias…
No sabía que tuvierais uno. Nosotros perdimos uno de los nuestros hace poco.
Precisamente queremos prepararnos para trasladar a nuestro compañero hasta él y así poderos dejar el sitio.
¿Y os hacen falta tres días?
Sí. Está bastante mal…
Pero… Mis hombres y mujeres van a ponerse muy nerviosos si no pueden dormir en caliente. Dejadlos pasar… no os quitaremos nada.
No puede ser… son solo unos días.
¿Entonces, cuál es tu oferta para que no le diga a los míos que entren directamente, que tienen ya ganas de encontrar un buen sitio?
Pues que… os va a salir muy caro. Ahí dentro es un laberinto. Todavía nos perdemos nosotros… No te niego que acabaríais logrando pasar… pero atacar este lugar es un infierno para cualquiera… hay túneles, pasillos sin salida, y hasta trampas que no tengo ni idea de quién las habrá colocado… Si intentáis abriros paso a disparos… Ese tanque vuestro, seguro que tira el muro en unos segundos… pero no cabe dentro. Moriréis más de vosotros que de nosotros… Por eso queremos proponer que nos dejéis tres días más. En tres días no estaremos y será todo vuestro… Cruces… lo mires por donde lo mires no te va a salir a cuenta el ataque… Es que aunque te estuviera intentando engañar. En tres días no va a cambiar nada. Podrías entrar igual e iniciar un tiroteo igualmente… Es que aunque empezases ahora y me metieras un tiro aquí. Seguramente te seguiría llevando los tres días quitarnos el sitio y matarnos a todos. Danos tres días y nos vamos.
Cruces asiente.
Tu petición suena muy razonable… Es lo más lógico que hacer. Tres días no es tanto tiempo…
Me alegro de que lo veas así…
No obstante, tengo una contra oferta….
Su cuerpo vuelve a estremecerse, al ritmo en que el interlocutor saca desde su espalda un walkie-talkie y aprieta el botón.
Tiradores empieza. Preparaos para abrir fuego contra…
Las tripas se le deshacen. El otro baja las manos soltando el pulsador de su herramienta. Lo mira con el cuerpo recto y las manos pegadas a las caderas. Vuelve a acercarse el intercomunicador a la boca.
De reojo ve como Carla primero, los demás detrás, están saltando el muro armados, preparados para defenderlo… Idiotas. Tienen francotiradores. Toda su esperanza es seguir guarecidos…
Es broma suelta de golpe, con el botón apretado y sin inflexión alguna en la voz; luego lo mira sin gesto y habla mecánicamente. Es vuestro el tener tres días más. Se da la vuelta y empieza a caminar hacia el vehículo blindado más cercano. No es de nadie abrir fuego contra ellos hasta el momento del uno de diciembre. Se gira volviendo a mirarlo a través de sus gafas de sol. Marchaos cuando sea el momento acordado.
Frunciendo mucho el ceño, asiente al sargento, con la boca en una exclamación sin terminar de articular.
El otro sacude la cabeza con brusquedad y añade apresurado una última frase, súbitamente muy nervioso.
Pero redoblad la vigilancia. ¡Quiero saber cada movimiento que hagan! ¡Vámonos!
Da una palmada al coche en que se sube y, con cierta demora, arrancan marcha atrás, girando sin prisas sobre su eje para recorrer el camino de acceso en sentido salida.
Todos los demás, los soldados que están allí, intercambian miradas confundidas entre sí, y van obedeciendo sorprendidos la orden de retirada. El propio tanque acaba por maniobrar y alejarse…
No está muerto…
Por su lado, sus amigos se van acercando a él, prácticamente ajenos a la conversación que han mantenido. Sintiendo el alivio de no haber sido disparado cuando esperaba que hubiera ocurrido, les explica que por lo visto tienen tres días, pero que serán vigilados durante ellos.



En el salón, de nuevo con sus ropas y con Carla muy pegajosa a su lado, llegan a la conclusión de no fiarse lo más mínimo. El encuentro ha obedecido a alguna finalidad. Alguna pantomima con objetivo. Ni siquiera pueden dar crédito a la orden de los francotiradores de no dispararles. No cree que sea tan simple, pero podrían querer desde solo hacerles confiarse para acribillarlos a tiros… pero entonces habrían disparado cuando, con mal juicio, empezaron a saltar a protegerlo… Empieza a sentir una inseguridad abrumadora… Imaginaba la situación muy diferente… no con un tanque… Su vida… desde que salió… no estuvo en ningún momento en sus manos.
Cuando están discutiendo cómo trasladar provisiones al helicóptero, Danko les hace una confesión. Los días que pasó allí con ellos, aquellos en los que no pararon de enfadarse con él por salir sin dar explicaciones a nadie, por lo visto una de las cosas que anduvo haciendo fue trasladar a escondidas provisiones desde el búnker a una de las casas en el pueblo junto al lago… ¿Ninguno hizo recuento de suministros desde entonces? No dijo nada, como alternativa a que alguien, y no se corta en decir “como Esteban”, se volviera loco y contra ellos dentro del búnker.
Lo mira muy mal. Más aún por no haber dicho nada… porque por mil razones podrían haber necesitado saber dónde encontrar cosas fuera de allí… Pero bueno. En el presente, obviando el pasado… les es muy útil. Entonces no hace falta que busquen salir, o revelen andar cargando comida en la aeronave para escapar. Pueden dejar todo listo para, cuando tengan que irse, solo coger mochilas, subirse, y volar rumbo a esa conveniente casa; más rápido que nada ni nadie. La única vulnerabilidad será el camino desde la cueva al helicóptero y el despegue.
Entonces es cuando entra Andrea. Alteradísima. No encuentra al hermano por ninguna parte. Merlo la acompaña y la intenta ayudar. Poco a poco la alarma va escalando, hasta que, hablando con Gordan, descubren que lo vio subiendo con ellos, cuando empezó la “reunión” con el Ejército de Liberación; que pensó que era normal que el crío acompañara a su hermana…
Empiezan a buscarlo por los túneles, sin éxito ni convicción de haber cubierto todo el espacio; cada vez más histérica la hermana, cada vez más serios ellos.
No deben salir. No deben intentar dar con él fuera del recinto. Si ha salido… selección natural. Y sin embargo, no hay forma humana de que no vayan, él incluido, a ir tras él; donde quiera que esté.
Se reúnen en la antecámara al exterior; Carla, Merlo y Abigaile intentando apaciguar a Andrea, que llora y grita.
Con muchísimas prisas, Carla viste una de las armaduras, Merlo otra y Hugo la que falta. Él, Adán y su novia saldrán hacia el oeste, por el camino que siguieron los militares no hace mucho, por la carretera, paralelos al lago. Merlo y Andrea cogerán la otra dirección, rumbo al pueblo. Abigaile y el novio hacia el norte, por el único terreno natural practicable a pie, dado que ella es la mejor rastreadora. Adán con el HK y Merlo y Abigaile con los subfusiles. Todos con machetes y Adán con la katana. Él arrampla en secreto con una pistola adicional, aprovechando el caos de coger cosas. A Danko, que conoce mejor que nadie los túneles, le encargan seguir buscándolo, junto con su familia.
Le conceden a la hermana cuatro horas, que es el tiempo que se tarda en ir y volver al pueblo más cercano a buen ritmo. Ella no acepta la limitación, convencida de que la vida de su hermano le vale más que la de todos ellos juntos, pero llegado ese punto, le da igual el monstruo que lo consideren, piensa asegurarse de que nadie más que ella salga de allí exponiéndose a los enemigos.
Al menos, seguro que no se esperan que fueran a hacer un despliegue semejante justo a continuación de que se marcharan…



Tardan veinte minutos, atentos a cualquier indicio del chaval o de una emboscada, en alcanzar la urbanización en que Danko y Adán encontraron la aglomeración encerrada de zombis. Le parece demasiada distancia para que la recorriera nadie de siete años por su cuenta… pero por otro lado apenas llegará al kilómetro. Si se ha empeñado, puede haberlo logrado.
Como lo encuentren, si no es la hermana quien lo hace, piensa darle él mismo una buena bofetada. ¿Cuándo se habrá escapado?
No puede haber sido en otro momento que cuando estuvo hablando con “el sargento”, tras que todos salieran por la barrera. En ese caso ya hace más de una hora…
Conforme se van acercando, le pide a Adán que busque cómo subirse al tejado del edificio hall más cercano a la carretera y vigile, tanto para que no venga nadie por allí, como para cubrirles; igual que hizo el día del ataque de los gritones.
El compañero se separa. Carla y él van desviándose para entrar de lleno en el recinto de viviendas vacacionales, a inspeccionar que no esté por allí.
Las calles, las casas, las piscinas… todo parece desierto. Sin zombis, sin personas, sin soldados… Nada.
Nada salvo una voz. Por un instante como si fuera un sueño breve que él y Carla soñaran juntos. Después nítida e imposible de ignorar. Es Yoni. Suplicando con la garganta rota y cansada de llorar y llamar a su hermana que venga.
¡Por aquí! grita su chica, desde detrás de su casco que acolcha su voz.
La sigue. Pasando por un callejón, van a parar a una plaza rodeada de chalets. En uno de los del lado contrario, tras una ventana abierta, pero tapiada con barrotes de metal, se encuentra el chiquillo, que al verlos extiende las manos, suplicante, y empieza a balbucear aún más desarticuladamente.
Detiene a Carla en el acto. Es una trampa, y en cuanto entren los atacarán. Es cosa de los del Ejército. Han visto al crío escaparse… debieron de decírselo al sargento por un auricular o algo. A esas alturas el resto de los amigos deben de estar siendo hostigados en cada una de las rutas. ¡Joder!
¡Carla! le chilla. ¡Cúbrete en esa pared! ¡¿Vale?! sin dejarla responder, ¡hazme caso por favor! ¡Te necesito! Vigila que no venga nadie. Si pasa algo… ¡avisa a Adán y pedid refuerzos!
Ella, intimidada por su tono autoritario, sólo le asiente.
Corre hacia la puerta de la vivienda, sacándose la pistola del pantalón y cogiéndola con ambas manos. No ha tenido tiempo de buscar más cargadores. Si sólo Abigaile no hubiera tiranizado el control de las armas…
Pega una patada descomunal a la plancha de madera, que salta del primer golpe. Entra dentro. Recuerda el entrenamiento de asalto que la misma chica que odia les dio. Apunta a las escaleras. Cualquier cosa que no sea Yoni y se mueva, disparar. No hay nada allí. Gira rápido al espacio del salón a su derecha que ha dejado en segundo plano. Nada. Corre, intentando ubicar la habitación desde la que provienen los gritos. Pasa por otra sala abierta; asoma la pistola, apunta a un lado y al otro del umbral, de frente y a los suelos que no ve bien. Nada. Encara la que le falta. Otra patada. Se abre.
Ignora al niño que lo mira deshecho y comprueba, antes, que no haya nada en la esquina que no podía ver al pasar. Nada…
¡Yoni! empieza con tono paternal, imitando la bronca de un padre severo y piadoso. ¡¿Qué ha pasado?!
Se acerca a él con intención de cogerlo en brazos.
¡Los que chillan! berrea descompuesto. ¡Los que chillan!, ¡los que chillan!, ¡los que chillan…!
Los que chillan…
¡CARLA!
Agarrando él mismo los barrotes, busca a su novia, apoyada contra la pared que le dijo.
¡CARLA!
Junto con su voz, las puertas de tres de los hogares anexos a la plaza se abren de par en par y, acompañados de docenas de zombis guardados en tropel, salen por ellas dos gritones femeninos y uno masculino, llenando el silencio con su histeria; directos todos a la única humana que está fuera. Son lo que queda de lo que les atacó…
¡CARLA!
Sin prestar el más mínimo caso al daño que le pueda hacer, agarra al niño de la muñeca y sale corriendo con todas sus fuerzas de hombre, llevándoselo colgando de una articulación que de seguro le está dislocando, entre quejidos sumamente doloridos.
En la calle, esprinta hacia ella. La primera mujer se le ha echado encima y la ha derribado.
La alcanza, soltando a Yoni, que se desequilibra y cae al suelo derrapando entre lamentos profundos. Agarra de la espalda a la mujer que está sobre su novia aporreándola en la armadura. La levanta en vilo y la lanza a un lado, sin dejarle tiempo de levantarse, pues le vuela la cara de un disparo a bocajarro.
Una enorme masa en velocidad impacta contra él, haciéndolo rodar por la tierra batida. Gira el torso lo que la fuerza le permite. Sobre él está el hombre, agarrado de sus hombros y lanzando sus dientes hacia su cuello. Interpone los antebrazos contra su garganta, sujetando. El puño del otro le golpea en la mandíbula dos terribles veces seguidas, pero no permite ceder la tensión en sus brazos ni un segundo, frenando las dentelladas al aire que le lanza.
Despreocupado de sí mismo, busca a Carla. La encuentra levantada, justo agachándose, cubriendo con su cuerpo fortificado al niño, haciéndose una pelota a su alrededor, que repele la primera carga de la otra mujer zombi, pero que también los hace rodar por los suelos en dirección a la primera línea de no-muertos cerrándose sobre ellos.
¡Maldita sea!, “¡deja al niño!, ¡déjame a mí! ¡CORRE!”.
En cuanto puede, ella se vuelve a enroscar alrededor de Yoni y bloquea con el antebrazo el mordisco de un zombi hacia las piernas del chico. La gritona que los ha placado se está levantando desubicada de dónde se encuentran las presas.
¡JODER!
No se puede mover. Apenas mantiene a raya el peso del monstruo sobre él. El trueno ronco del rifle de Adán rompe la amalgama de chillidos y gruñidos, como un déjà vu esperanzador.
La cabeza del infectado encima estalla desparramándole una ingente cantidad de sangre y pulpa sobre el pecho y la cara. Se lo aparta y corre casi a gatas a ayudar a los otros dos.
Se abalanza enganchando, por poco, una pierna de la gritona que iba hacia ellos, que cae de bruces. Trepa visceralmente sobre sus carnes, hasta llegar a apoyar el cañón de su arma contra su cara, y aprieta el gatillo tres veces en rápida sucesión.
Han separado a Carla del crío, tirando de ella en turba, y ahora la muerden como una decena de criaturas, por todas las juntas de metal. Está bien… ¡JODER! Lleva armadura… Se centra en la criaturita que, con algo de instinto, se ha ido arrastrando llorando hasta que ha dado con los pies de otro monstruo, del que intenta revolverse ahora sin éxito.
Otro disparo del HK arranca un zombi de los que atrapan a Carla.
Él, empezando a notar el fallo de su fuerza explosiva, da una patada en la boca al no-muerto que sujetaba al hermano de Andrea, justo a tiempo de evitarle el mordisco, y sin cerciorarse de si ha muerto o no, aunque no lo cree, arrastra a la que era su presa junto a su novia, para poder luchar cubriéndola.
Carla ha conseguido liberarse de una mano y está lanzando inteligentemente puñetazos concentrados en la cara del mismo ser, a ver si consigue derribarlo.
Enzarzándose en la melé, otro bicho lo agarra a él de un hombro, sin protección alguna a diferencia de su compañera; pero otro tiro lo salva.
Sea por intuición o por casualidad, el niño se está manteniendo todo el tiempo junto a su cintura. Él intenta, en la medida de lo posible, colocarse entre la novia y la dirección desde la que cree está disparando Adán.
Abre fuego por su cuenta contra el que está sujetando la otra mano de ella, liberándola por fin, aunque provocando que dé con la cabeza en el suelo, al ceder la presión, que ahora sólo la sujeta por diez brazos y cinco bocas de la cintura y la cadera.
Otro estallido del HK.
No ve a ningún zombi caer. Busca rápidamente. Yoni se desploma como un peso muerto, con un boquete abierto en la garganta de lado a lado.
Mira su cuerpo en la tierra, y su sangre tierna saliendo a borbotones líquidos y rojos, que contrastan manchando las volutas grumosas y negras de los restos de zombis también esparcidos por el mismo suelo.
Mira en la dirección del amigo sin encontrarlo.
Mira al niño muerto en el acto.
Mira a Carla, a punto de ser atrapada por nuevas manos.
Se agacha sobre el cadáver, como si sus manos agarrándolo fueran a poder devolverle la vida. Y comprende…
Tiene que salvar a Carla. Tiene que evitar que el amigo se suicide por lo que ha ocurrido.
Con todas sus fuerzas, grita: “¡NO DEJES DE DISPARAR!”.
Se levanta y golpea como una sacudida una nuca frente a él; dispara a una sien, engancha una axila de su novia y tira sin intención de forcejear contra el músculo muerto que la ata, sino que a la vez que con un brazo jala intentando apartarla, con el otro realiza una descarga de muerte del cañón apoyado contra el ojo de la criatura.
Pero no hay más disparos aliados…
Y, a cámara lenta, sin que su cuerpo pueda reaccionar a la velocidad que su cerebro lo nota, siente las dos hileras de dientes paralelas apoyarse contra su escápula. Las dos filas de hueso podrido cerrándose sobre su piel al mismo tiempo que sus manos desesperadas se echan hacia atrás intentando agarrar su cabeza. El pellizco descomunal contra su carne que, ayudado por él mismo intentando separarlo, arranca un trozo de su cuerpo y ropa, del tamaño de un puño, y empieza a masticarlo al ritmo en que él chilla de dolor, viendo su materia siendo triturada dentro de una boca de anciano, a la que mete un codazo y una bala.
Estira una última vez de la novia, alejándola, que a su vez, está intentando tender una mano metafísica al niño en la plaza, hace ya varios segundos siendo parcialmente comido por los zombis que encontraron su cuerpo. Y al final, los dos empiezan a correr, rumbo a la callejuela por la que vinieron.
La horda reunida por los extintos gritones los persigue.
Doblan la esquina. Adán está allí. De pie. Con el arma apenas sujeta por un par de dedos. Se acerca hasta él. Andrea no puede enterarse. Él aprovecha para quitarse la chaqueta como si tuviera calor por los sudores y anudársela cual capa alrededor del cuello, cubriendo la herida. ¿Se fijarán en la sangre del lateral?
En cuanto llega, sin controlar su fuerza, le mete un puñetazo en la mejilla para despabilarlo y apoya su frente en la del otro, agarrándole las sienes con los dedos.
¡CORRE! grita escupiéndole en la cara perpleja y sumisa.
Corren. Carla va a su lado, el otro un poco por detrás.
Corren por el asfalto. Corren paralelos al lago. Corren cuesta arriba subiendo el camino a la mina. Corren hasta dar con la puerta de verja que atraviesan y cierran a su espalda.
Ninguno de los otros equipos ha regresado, buscando un niño que jamás encontrarán.
Tiene que evitar también que Carla se suicide.
Adán ha dejado de moverse en cuanto han entrado en terreno seguro.
Va hacia él. Sin miramientos ni anestesia. Lo encara, volviendo a cogerle de la cabeza, sin poder contener la adrenalina que fluye por sus venas. Su corazón que palpita por su cuello y cara.
Escúchame. Y escúchame bien ordena, dándole solo unos centímetros de espacio esta vez, entre piel y piel. Ha sido un accidente. Ha sido un accidente Adán…
El otro empieza a llorar.
Adán. Ha sido un accidente.
¡LO HE MATADO!
Adán. Escúchame. Escúchame, ¿vale? Estaba lleno de mordiscos. No lo has matado. Iba a morirse. Ha sido un accidente. Pero ya no se podía hacer nada por él. Escúchame. Estaba muerto ya.
¡LO HE VISTO! ¡NO LE HABÍAN MORDIDO!
Claro que no lo has visto. ¡¿Has estado con él?! Los gritones… Le habían reventado las piernas. Aposta, para que picásemos en la trampa. Le habían dejado el cuerpo intacto, pero le habían destrozado las piernas, por eso lloraba…
El compañero lo mira lleno de miedo a los ojos, sabiendo que le está mintiendo, pero queriendo creérselo.
Adán. Nos has salvado. A Carla y a mí. El crío estaba ya muerto. Sólo íbamos a haberlo podido traer para que la hermana lo viera morir. Nos has salvado. ¡ADÁN! estalla en cuanto ve que va a volver a empezar con el llanto. Adán, escúchame. Lo has hecho genial. Es imposible que nadie hubiera podido calcular que el zombi al que disparabas se iba a apartar.
No se apar…
¡Tío!, ¡que te estaba viendo! No me jodas. Sé que quieres culparte. No es justo. Pero el crío estaba muerto. Si no fuera por ti, Carla y yo también lo estaríamos. Gracias, ¿vale?
El otro se queda en silencio. Observándolo, rezando porque lo que le está diciendo sea verdad, queriendo aceptarlo con cada fibra de su ser.
Escucha. No podemos decirle lo que ha pasado a Andrea. ¿De acuerdo? Ahora no. No lo va a entender.
Tengo que decírselo.
NO. No puedes. Si se lo dices te matará. Hugo la matará a ella y si Abigaile no se lo impide, Merlo lo matará a él. ¿Quieres que tus amigos se maten entre sí?
No… Vuelve a llorar.
Adán. Tienes que ser un hombre. Ha pasado esto. Cuando estemos en las Baleares. Cuando hayamos podido dormir meses todo lo que ha ocurrido. Cuando Andrea se haya hecho parte del grupo. Cuando te conozca bien. Se lo diremos. Yo te ayudaré… ¿Le ayudará…?. Se lo diremos juntos. ¿Vale? Ahora no va a poder entenderlo.
El amigo calla, incapaz de mirarlo de seguido, entre las lágrimas y la culpa, así que sigue:
¿Me lo prometes?
Le asiente.
¡¿Me lo prometes?!
Sí…
Responde con un hilo de voz.
Cuando se muera… no romperá la promesa que le haya hecho. Está muerto…
Busca a Carla, dirigiéndose hacia ella para atender los vómitos que está echando, apenas habiéndose podido quitar el casco, al tiempo que oye al otro vomitando y sollozando a su espalda también…

Lo han mordido.

Cuando Andrea regresa de su expedición con su novio, un poco después que Abigaile, la cual cree que sin haberle dicho nada directamente, ha entendido prácticamente todo lo que ha pasado, la pobre corre hacia él al ver su cara de que ha encontrado al hermano. Y se derrumba suplicante de rodillas al alcanzarlo, conforme él le niega lo más empático que puede con la cabeza.
Le cuentan que no han podido hacer nada. Que los gritones lo secuestraron aprovechando el caos. Que no han podido siquiera traer el cuerpo. Que casi mueren intentándolo…
Todo el mundo la sujeta cuando se retuerce chillando de rabia hacia Dios al cual mataría si lo tuviera delante, hacia el mundo, que desintegraría si tuviera un botón para hacerlo. La sujetan cuando intenta atacarlo desesperada. La sujetan cuando intenta salir corriendo a buscar los restos de su hermano. La sujetan cuando se desmalla colapsada de sí misma.
Y entonces, con todos los deberes cumplidos, él mismo se desploma. Ojalá y Carla no hubiera tenido que enterarse así de lo que le ha ocurrido.

Lo han mordido.

Se despierta en la cama de la enfermería. Rodeado de todos, incluso la familia de Danko; salvo Andrea. Lo han mordido. Habla con ellos. Carla está tan enfadada con él por habérselo ocultado que lo abraza con más amor del que recuerda que le hubiera dado nunca. Danko, que ya habrá hablado con Abigaile, le asiente con aprobación y pena muy sutilmente, respetándolo por fin.
Merlo debería estar con su novia. Seguirá inconsciente…, o dormida…, o ambas…, pero está allí. Hugo le vende esperanzas, de que ya verá que tras un poco de fiebre no es nada. Le cabrea que sin querer, también se las está vendiendo a Carla.
Se levanta. Se encuentra bien, le escuece muchísimo la espalda, pero está bien. Abigaile le dice que aparte de limpiarlo de la forma habitual, le ha quemado con mucho cuidado toda la herida, aprovechando los carbones de cachimba que aún tenía Merlo. Que Danko se quemó la mano y ha acabado bien. Por eso le escuece tanto. Más esperanzas para Carla que ninguno, ni él, pueden firmar…
Va al baño y se examina la terrible marca calcinada e inflamada en la espalda. Está roja y amarillenta, aparte de alguna marquita negra de piel calcinada que la otra no ha quitado del todo con los lavados. Deben de haber pasado horas.
Comen juntos. Se encuentra bien.

Lo han mordido.

Lo han mordido.

Grita desproporcionada e inmerecidamente a Carla cuando intenta besarlo en la boca; pero es que lo han mordido…

Lo han mordido.

Contra sus deseos, Carla se duerme abrazada a su cuerpo enfermo. Se encuentra bien, pero lo han mordido.



Lo despierta la fiebre. Con sumo tiento, se escabulle al cuarto de baño. Mira con dificultad su espalda. Se ha desinflamado. Ahora tiene una gigantesca costra negra alrededor del bocado, y toda la piel más lejana se ha puesto tan pálida que puede seguir sus venas y arterias. Su cara y manos están blancas hasta mezclarse uñas y dedos en una misma gama de tonos mortecinos. Sus ojos… sus dientes… Y tiene hambre.
Cuando sale encuentra en el pasillo a Carla, que nada más verlo, empieza a llorar.
Y ya en la habitación no para por horas, hasta rendirse sobre su regazo. Él no duerme. Solo acaricia su pelo rojizo, castaño en las raíces, oliendo el sudor suave que emana al despeinarlo.

Lo han mordido.

Después de desayunar, en secreto, puede que medio kilo de carne seca, busca a Abigaile en cuanto se queda un segundo a solas en un pasillo.
Escúchame la asalta.
Dime, Esteban le responde con una dulzura seria.
No sé qué va a pasar…
Lo siento…
No. No me importa eso.
Dime.
No me gustas.
Tú a mí tampoco le responde con una sonrisa que casi lo desarma de amabilidad.
Pero… eres prácticamente la única persona de aquí en quien confío para el bien de todos.
El sentimiento es mutuo.
Me gustaría pedirte tres cosas.
Dime.
Carla… Si… No va a volver a sonreír en mucho tiempo. Quiero que te asegures de que llegue hasta el día en que vuelva a hacerlo, y de que lo haga.
Hecho. Te lo prometo. Dime.
Tú y Adán… sois las únicas personas a las que Danko llegará a escuchar. Y Adán no tiene el carácter de pedirle lo que quiere si puede ponerles en riesgo. Quiero que me prometas que intentaréis ir al otro búnker, y que harás lo que puedas porque logréis curar a la novia de mi amigo.
La otra tarda en responder. Cierra los ojos y le asiente.
Te lo prometo. Dime.
Prométeme… que cuidarás de todos, no sólo de tu novio.
Te lo prometo.
Se sonríen. Ella salta y lo abraza; con muchísima fuerza, evitando cortésmente su herida. Luego le da un beso en la mejilla, lo vuelve a abrazar y se separa un poco.
Espero que puedas encargarte tú de todo lo que me has dicho. Y que puedas seguir haciéndome pensar que eres un gilipollas por mucho más tiempo. De verdad. Le sonríe, mirándole a los ojos.
Él le devuelve la sonrisa.
Gracias.
La suelta y la deja marcharse. Sabe que no podría distinguir si le ha dicho la verdad o la mentira en sus respuestas; y sabe que ha sido sincera en todo cuanto le ha respondido. Lo han mordido.

Se sienta junto a Hugo. Le pregunta por el ordenador. El otro le responde explicándole todo cuanto ha ido progresando. Le enseña alguna de sus conversaciones con el PC. Ya no ha vuelto a intentar mirar mucho, preparándose todos para salir el día que han acordado. Comparte con él sus descubrimientos escasos con la radio.

Lo han mordido. Cada vez se van sucediendo mareos más y más intensos. Y más y más hambre.

Lo han mordido.

Ya no se separa de Carla. Juegan un poco con otros a las cartas. Se quedan solos en su habitación. Un mareo lo lleva hasta el suelo sin poder hacer nada. Lo han mordido.

Se despierta en su cama. Con un paño en la cara y de nuevo el resto de camaradas junto a él. Se nota temblando de frío. Le duele tanto la cabeza…

Lo han mordido. Las pastillas contra la temperatura no hacen nada… Los amigos se van sucediendo en verlo. A veces tiene fuerzas y se levanta. Va al baño no queriendo que nadie lo ayude, aprovechando los momentos en que se ve capaz. Capta a Abigaile, diciéndoles consternada y bajito a Carla, Hugo y Danko, que está en cuarentaitrés grados tras haberle puesto un termómetro que le dijo marcaba treintainueve. Su herida cada vez está más podrida y negra en el centro, más pálida y seca alrededor.
Entre cabezadas que no logra reprimir, va hablando con unos y con otros, atesorando la piel de Carla siempre entre sus dedos, esté durmiendo, delirando o consciente.

De madrugada, poco a poco, todos se van despidiendo de él. Han hecho algún plan para vigilarlo siempre alguno más a parte de su novia. El hambre… ha bajado… Hasta Andrea está allí. Consigue darle las gracias melodramáticamente, antes de salir descompuesta en lágrimas.
Mira al búlgaro, último en ir a marcharse.
Danko, ¿te importa quedarte un momento? Carla los mira a ambos un par de segundos, en que él le devuelve un gesto cómplice. Le aprieta la mano un instante y sale tras el resto. Ha creído que quería poner sus cosas en orden con el compañero, como esperaba.
¿Qué ocurre? le dice, por fin a solas, el amigo; susurrando, con gesto entre triste y amable.
Querría haberme quedado… para pelear con los otros hasta el final…
Si estás dispuesto…
No. No voy a aguantar hasta pasado mañana. No voy a aguantar ni a mañana, joder. Pese a que intenta evitarlo, le tiembla un poco la voz.
No… empieza el otro tras un instante, con un tono casi cínico que agradece, no tiene pinta, no.
Por eso…
Se quedan mirándose.
¿Recuerdas lo que me dijiste? Danko lo observa callado, no sabiendo qué decir.
¿El qué? suelta al final, ante su pretendido silencio.
Él se ladea con dificultad en la cama y extiende la mano tanteando, hasta que encuentra lo que buscaba bajo ella.
Se gira con su pistola en la mano y apunta directamente a la cabeza del otro, que da un paso hacia atrás y mira nervioso a la puerta. Pero ve como su inteligencia lo detiene. Gira el rostro y se queda encarándolo recto a los ojos un rato, con el ceño muy fruncido. Luego, comprendiendo del todo por fin, baja la cabeza y asiente.
Él da la vuelta al arma y se la pasa. El buen amigo se la esconde bajo el pantalón y, dándole una palmada reconfortante en el pecho, se marcha sin decir nada.
Extrañamente siente gracioso que, al final, lo que quiera que ocurra pasado mañana ni va a depender de ellos ni del Ejército de Liberación. Pero decírselo… sólo podría romperlo todo, o preocuparles para nada. Él… ya los ha conducido al camino adecuado… les toca a ellos seguir salvando el mundo.



Nadie ha contrariado la última voluntad de un moribundo. De un muerto que vive. El argumento de que no iban a dormir de todos modos ha sido suficiente. Pero sigue sin poderse creer estar riendo con Carla a carcajadas. Allí, casi sin poderse mover en la incómoda silla de la guardia. ¿Siempre ha sido tan graciosa?
Y sí. Claro que recuerda el día en que tuvo que saludar a la madre de ella, desnudo, fuera de la cama de un brinco mientras ella se escondía bajo las mantas. Tapándose con una mano. Y que todo cuanto supo decir fue “¡Qué calor hace!”.
Y como Carla ni asomó la cabeza de debajo de su fortaleza de tela en quince minutos, y decía que nunca iba a volver a salir de su cuarto. Roja y temblando entre la risa y el nervio…
Y ríen. Y lloran abrazados. Sin dejarla él que lo bese, incluso cuando le grita que le da igual y lo intenta. Y ríen… Y tiembla mientras más y más sudor se le derrama por el cuello y desde los brazos, y no hay abrigo que lo caliente.
Y por fin, empieza a ver como sus ojitos se le van cerrando encima. Varias veces los abre hasta cabreada consigo misma… Y él de súbito se arrepiente con imposible vehemencia. No quiere que acabe esa noche. Está siendo feliz. Está muriendo feliz… Quiere hacer algo y ya es demasiado tarde. Ya no hay vuelta atrás…
Al final, sucumbe del todo. Mira con un retortijón de culpa y de odio hacia sí mismo el vaso, ya vacío, que le trajo hace un buen rato. Mira su carita desnucada e inocentemente bobalicona en un sueño de respiración profunda. Es tan bonita… Es… ella.
Se levanta resistiendo, en un estallido de lágrimas, la tentación de darle un último beso, y va a buscar al amigo escondido en la cámara contigua.



La noche es adecuadamente fría. Solo no podría haber andado tanta distancia. Se alegra de que ni siquiera haya luna. Solo oscuridad negra abajo y oscuridad gris arriba; acompañada de ocasionales gotitas que montan suave escándalo contra las siluetas de los árboles y se reflejan en el amarillo de sus linternas. Desde que llegaron los sudores, apenas siente escozor en la clavícula o el hombro.
Danko, me cuesta respirar. Creo que no puedo seguir…
Está bien, estamos lejos.
Se descuelga de la espalda aliada al tronco más cercano y se deja deslizar suavemente contra él.
Danko se ha apartado unos pasos. Lo ilumina evitando darle en la cara. Tiene la pistola en una mano.
¿Sabes? empieza a llorar. Tengo miedo… hasta ahora no… Pero… No quiero morir, de verdad que no quiero… Se alegra de poder articular palabras al menos.
Normal… Nadie quiere.
Le apunta con el arma.
Bueno estalla en una carcajada de llanto, muy rota. ¿Cómo vamos a…?
Abriendo los ojos con súbita sorpresa…, Hugo se curó… Intentando mandar a los brazos una señal de que se levanten y lo detengan, ve el dedo de Danko tensándose contra el gatillo, tirando de él…
Gracias…





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